167 años del Tratado de la Agresión

Por J. Orozco J.

 

Esta semana se celebra el Tratado de Guadalupe Hidalgo, en el cual casi la mitad de la superficie de México pasó a ser dominio de Estados Unidos al ceder Arizona, Nuevo México, California, Utah, Nevada y parte de Colorado, siendo un millón doscientos mil kilómetros cuadrados de valioso territorio por la cuantiosa cantidad de 15 millones de dólares de compensación.

 

El Tratado de Guadalupe Hidalgo puso fin a la guerra entre Estados Unidos y México.  Fue firmado el 2 de febrero de 1848 y es el Tratado más antiguo que todavía está en vigencia entre Estados Unidos y México, y más allá de las ganancias y las pérdidas territoriales, el tratado reviste importancia en la conformación de la historia nacional e internacional de México y Estados Unidos.

 

Este último prácticamente dictó los términos del acuerdo estableciendo un patrón de inequidad política y militar entre los dos países y, desde entonces, esta relación asimétrica ha acechado las relaciones entre Estados Unidos y México hasta nuestros días.El primer borrador del tratado fue llevado a México por Nicholas P. Trist, comisionado de paz estadounidense, en el verano de 1847. 

 

 

En dicho borrador se exigía la cesión de Alta y Baja California y Nuevo México, el derecho de paso por el istmo de Tehuantepec y el río Bravo como frontera sur de Texas. A cambio, Estados Unidos pagaría hasta $20 millones a México. La demanda de Baja California y el derecho de paso fueron anuladas en las siguientes negociaciones.

 

En enero de 1848, los comisionados de paz mexicanos;  Luis G. Cuevas, Bernardo Couto y Miguel Atristain, se encargaron de acordar los problemas limítrofes pero dedicaron más tiempo a redactar varios borradores sobre los Artículos VIII y IX, los cuales trataban los problemas de los derechos de propiedad y la ciudadanía estadounidense para los ciudadanos mexicanos de las regiones recientemente cedidas. Además introdujeron el artículo XI, que daba a Estados Unidos la responsabilidad de controlar las incursiones hostiles de los indios que se originaran del lado estadounidense de la frontera.

 

Al final, Trist y Cuevas redactaron el tratado en sus respectivos idiomas, preservando los modismos y las ideas antes que el sentido literal. Finalmente, el 2 de febrero de 1848, los representantes mexicanos se reunieron con Trist en la Villa de Guadalupe Hidalgo, al otro lado de la capilla de la santa patrona de México donde firmaron el Tratado y luego celebraron juntos una misa en la basílica.

 

La firma del Tratado fue sólo el comienzo del proceso; todavía tenía que ser ratificado por los Congresos de Estados Unidos y México. Nadie podía prever cómo recibiría la administración de Polk un Tratado negociado por un agente no oficial, ni podían saber los giros y virajes de la escena política mexicana de los próximos meses. En ambos gobiernos, el estadounidense y el mexicano, hubo oposición a dicho acuerdo. En Estados Unidos, los abolicionistas del norte se oponían a la anexión del territorio mexicano. En el Congreso mexicano, una minoría considerable estaba a favor de continuar la lucha. De todos modos, ambos países ratificaron el documento.

 

El Tratado de Guadalupe Hidalgo reviste una importancia más amplia y desafiante para la historia de México que la que tiene para la historia de Estados Unidos. En parte, por la pérdida de territorio valioso, el Tratado aseguraba que México seguiría siendo un país subdesarrollado hasta bien entrado el siglo xx. El Tratado ha tenido implicaciones no sólo para las relaciones entre los dos países sino también para el Derecho Internacional.

 

Las interpretaciones de las estipulaciones del documento han sido importantes en disputas sobre límites internacionales, derechos sobre aguas y minerales, y derechos civiles y de propiedad de los descendientes de los mexicanos en los territorios cedidos. Desde 1848, ha habido cientos de casos judiciales que citan el Tratado de Guadalupe Hidalgo como el sustento de reclamos de tierras, pero pocos querellantes mexicanos tuvieron éxito en conservar su tierra.