PRD: ¿cuántos más Navarrete?

Por Miguel Ángel Méndez

El escritor Oscar Wilde, afirmó en el siglo XIX que las tragedias de los otros son siempre de una banalidad exasperante y, es posible que esta sea la perspectiva que ahora ofrece el Partido de la Revolución Democrática (PRD) a un gran número de ciudadanos; durante los meses subsecuentes a los hechos ocurridos en Iguala, Guerrero se originó un desmoronamiento político interno e inicio una desconfianza hacia el Sol Azteca.

 

Desde el 5 de octubre del 2014, fecha en que se eligió al nuevo Presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRD, las protestas dentro del partido no se han dejado de escuchar; la corriente de Nueva Izquierda o los llamados “Chucos” lograron imponer un Maximato perredista que dio inicio con el Jefe Máximo Jesús Ortega y posteriormente con sus alfiles Jesús Zambrano y actualmente con Carlos Navarrete. El linaje político heredado a Zambrano y Navarrete permite permear con las decisiones del Gobierno Federal y deja en el baúl de los recuerdos las acciones e ideales que motivaron a la oposición como fue, por ejemplo: el desconocimiento al régimen en los casos de Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard en el Distrito Federal.

 

Navarrete, originario de Salvatierra, Guanajuato; arribó a la dirigencia con un problema que coloca su liderazgo en riesgo: la desaparición de 43 estudiantes normalistas en el estado de Guerrero, presuntamente por órdenes del entonces alcalde perredista José Luis Abarca. A partir de ese momento, las condiciones políticas no han sido favorables para la cabeza del partido, ni para su sequito; José Luis Abarca, fue un personaje indefendible para los “chucos”, ya que las pruebas en su contra por diferentes actos delictivos, eran abrumadoras; comenzaba el cuestionamiento de que clase de candidatos postulaban los partidos políticos y se ponía en juicio la integridad de los gobernantes perredistas.

 

 

En el caso de Ángel Aguirre, entonces Gobernador de Guerrero, la dirigencia procuró ofrecer un mecanismo que ayudara a salvar al mandatario local, los cuales iban desde la consulta ciudadana, compromisos y, promesas de justicia del mismo gobernador y del Presidente del Partido; sin embargo, la falta de una estrategia política no dejó opción mas que ceder ante las presiones sociales y mediáticas y, obligaron al CEN del PRD a solicitar a Aguirre su dimisión; comenzaba así una reacción en cadena que colocó al partido izquierdista en la mira de los medios de comunicación.

 

A raíz de los hechos en Guerrero, las decisiones políticas dentro del PRD han sido objeto de numerosos cuestionamientos; las voces de protesta y de reclamo por la incompetencia de la dirigencia perredista fueron controvertidas, incluso por el mismo líder moral y fundador del partido Cuauhtémoc Cárdenas, al llamar, por el bien de la institución partidista a la renuncia de todos los integrantes del CEN; lamentablemente el diálogo emprendido entre Cárdenas y Navarrete dio como resultado la salida del líder moral; en sus declaraciones a la prensa, Navarrete afirmó que era el cierre de un ciclo pero que comenzaba la etapa de la purificación y se dejaban las puertas abiertas para la Nueva Izquierda.

 

Por otro lado, los actos de corrupción y de impunidad, así como los vínculos con el narcotráfico y el enriquecimiento ilícito por parte de algunos alcaldes perredistas, son asuntos en los que la dirigencia no ha respondido con acciones competentes y con prontitud para resolverlos; por mencionar algunos, están los casos del alcalde del municipio de Emiliano Zapata en Morelos por enriquecimiento ilícito o, la investigación emprendida por la Procuraduría General de la República (PGR) por denuncias de tortura, secuestro, abuso de autoridad y apoyo a grupos paramilitares del edil de Pueblo Nuevo Solistahuacán, Chiapas.

 

 

Pero como en las buenas historias, el PRD nomás no aprende, tal y como lo demostró en días pasados el llamado Jaguar del Senado y fuerte aspirante a la gubernatura de Guerrero, Armando Ríos Piter, quien en una entrevista, afirmó que su partido no está tomando cartas en el asunto por lo acontecido en Iguala y sobre los 43 normalistas desaparecidos acusando que en una reunión con los líderes políticos del PRD: Jesús Zambrano, Carlos Navarrete y Jesús Ortega, esté ultimo le sugirió negociar la candidatura con el investigado Ángel Aguirre; Ríos Piter, dijo que el objetivo de negociar con Aguirre era con el fin de apoyar con impunidad al mandatario con licencia; bajo la misma línea se encontraron los también senadores Mario Delgado y Alejandro Encinas, quienes decidieron separarse del PRD ya que acusan a sus dirigentes de perder su camino, y llevar al partido por un sendero que promueve el olvido del desarrollo económico y la justicia, y que provocarán que el partido se hunda en el desgaste y tal vez, hasta su desaparición.

 

 

¿Qué le espera al PRD en su futuro político? a corto plazo, sólo sobrevivir; los movimiento y los caprichos pedantes de su líder han dado un cheque en blanco al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) encabezado por López Obrador y Martí Batres; la opinión de muchos expertos en el tema, apuestan a una desbanda mas grande, y con un efecto dañino que incluso lleve a su desaparición. Otros consideran que con la renuncia de Carlos Navarrete y el arraigo a la corriente de Nueva Izquierda del partido, se podrá reestructurar y comenzar a ver cambios hasta el 2018.

 

Navarrete ha sostenido que la renuncia de 28 pseudo perredistas no es una desbandada, pero la desaparición de 43 estudiantes, que todavía son reprochados a las autoridades del PRD, sí lo son. Parafraseando una portada publicada por la Revista Proceso en julio del año 2000, podemos afirmar que la agonía del PRD, comenzó con Jesús Ortega, Zambrano lo desahució y Navarrete lo va a enterrar.