De México, política y otras payasadas

Por Héctor Balmaceda

FOTO: unionjalisco.com

 

Este año tenemos elecciones federales y los partidos políticos, así como sus candidatos, andan con todo. Algunos se frotan las manos porque saben de su inminente victoria, algunos revisan la geografía electoral y sólo algunos –muy pocos- parecen tan dependientes al INE ante tantas trabas para su candidatura independiente.

 

Ya hasta payasos (literal) hay registrados en éstos casos. No todos pueden o saben gobernar, pero todos debemos tener la oportunidad. No obstante, algunas veces esto se antoja a broma –hablando de payasos-, pues en la bizarra política nacional, pareciera que se tiene más probabilidades de ser electo si se es “famoso” en vez de ser lo suficientemente capaz.

 

A todo lo anterior, me permitiré un dejo de desdén: ¿Es en serio? ¿Un payaso como candidato? Espero que el individuo deje atrás el personaje antes de su posible investidura. Ha habido de todo para cargos de elección popular, pero ya basta. Para cargos de representación (parlamento)  y para cargos del poder ejecutivo, debe, creo, haber una previa especialización. Que el ministro (incorrectamente llamado secretario) de educación haya salido de la normal o que el presidente de la comisión para el campo y la agricultura, sepa trabajar la tierra.

 

Hablando del INE, para mí sigue siendo el mismo puerco IFE, un órgano vendido, –brazo político de los partidos- que según encarga de regular los procesos electorales, se consagra así mismo como garante de las libertades ciudadanas, de los derechos políticos y de ser árbitro imparcial en un ambiente de plena democracia.

 

Nada de eso; el INE poco tiene de institución en stricto sensu –¿Usted lector cree en el INE?-, parece dedicado a expandir cada vez más la quimérica (léase inexistente) brecha entre ciudadanos y políticos y sólo se desarrolla en la democracia electoral y en algo que se conoce como democracia asistida o dirigida.

 

FOTO: eleconomista

 

Ya es 2015 y es año electoral y los partidos lo saben ¿Cuánto se gastarán esos cárteles políticos para vendernos humo? ¿Cuánto se les asignó para sus campañas? Esas son las principales preguntas que emergen cada que hay que repartirse y detentar los derechos políticos que nos han rebatado (que nos hemos dejado rebatar).

 

Hay, además, otra pregunta que me gustaría realizar: ¿Cuánto se gastará el INE en expedir credenciales de elector? ¿Cuánto en renovar (dejemos al margen las reposiciones) y cuanto para acreditarles mayoría de edad a jóvenes que constitucionalmente aún no son ciudadanos, pero que se les “otorgará” el derecho sólo para que los partidos amplíen sus oportunidades de rapacidad en los comicios?

 

Son varias preguntas y las respuestas serían vacías si se expresasen, a efectos del presente texto, pues mi intención es formular preguntas retóricas, no exponer hilos negros.

 

En ese sentido y siguiendo la lógica de algunas líneas arriba ¿Por qué renovar una identificación oficial? ¿Por su función electoral? Debería dejar de ser válida para votar, pero no así para identificarse, pues es oficial ¿Qué con la cartilla militar? ¿Para renovarla tendría que pasar por el tedio del servicio militar otra vez, siendo que México posee un “ejército” sin proyecciones al exterior?

 

Si bien la licencia de conducir también tiene vigencia, uno paga para renovarla ¿Qué hay con la credencial de elector? Pues la pagan los contribuyentes por medio del erario. Ambas tienen una función intrínseca; ser identificación oficial, pues la emite el gobierno (a nombre del Estado) cómo cédula de identidad.

 

La otra función es para la que se emiten; para votar (léase ejercer democracia, según el Gobierno mexicano) o para conducir. Para ésta función tienen vigencia, para la intrínseca no deberían, ya fueron emitidas, ya se le reconoce a uno como mexicano y como ciudadano (mayor de edad con los derechos políticos otorgados constitucionalmente, derechos vertidos en la Carta Magna).

 

Además ¿Se renueva para que los funcionarios de casilla nos marquen la credencial? Pero si en sus manos tienen la lista nominal (basada en el padrón electoral) y a cada uno de los ciudadanos se les asigna un distrito.

 

¿Por qué pagar por la renovación de una y por la otra no? Simple, con una se puede ejercer el privilegio de circular; si pagáramos por la credencial de elector, el índice de votación descendería drásticamente y los únicos que se favorecen de que el vulgo “ejerza democracia”, son los partidos políticos.

 

Por eso se sangra al erario, para pagar la emisión o renovación de tu “ife”. Que paguen los partidos ¿No? Si a esos les interesa que la democracia sea sencillamente democracia electoral, que salga de su presupuesto (no del asignado para actividades corrientes o electorales, que se financien solos, digo yo) y no así del gasto público.

 

Muchas preguntas más pueden ser expuestas pero el hecho es sólo uno, el gasto sin sentido.

¿Qué opinión tienes?