El boicot electoral de Sicilia

Por Miguel Ángel Méndez

Desde la segunda década del siglo XX en México, hemos escuchado una palabra que se nos ha pasado de generación en generación, que ha sido un grabado completo en nuestra mente y que es el término crisis; actualmente cada nacimiento viene con ese vocablo bajo el brazo; sin embargo, se volvió común que la crisis que más afectaba a los mexicanos, era la que tenía que ver con situaciones económico-financieras, jamás se consideró que los comicios electorales en nuestro país pudieran tener una crisis en su sistema, era impensable por la pulcritud y la falta de objeciones que el sistema priísta presentó por décadas; no obstante el poeta y activista Javier Sicilia afirma lo contrario.

 

El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que encabeza Sicilia, declaró en días pasados la urgente necesidad de que la ciudadanía ‘boicoteara’ el proceso electoral de 2015; que de acuerdo con datos del Instituto Nacional Electoral este año se elegirán a los 500 miembros de la Cámara de Diputados, se renovarán las gubernaturas de Baja California Sur, Campeche, Colima, Guerrero, Michoacán, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, y Sonora; asimismo se votarán por más de 1009 cargos para Ayuntamientos y Delegaciones del Distrito Federal.

 

Para las elecciones del próximo 7 de junio, el órgano electoral contará con un padrón de alrededor de 80.8 millones de mexicanos inscritos; Sicilia considera que a través de una llamada ‘insurgencia’, la población podrá impulsar nuevos cambios al Estado mexicano ya que se ha vuelto, de acuerdo a sus declaraciones, inaguantable y obsoleto; los partidos políticos – declaró – no han limpiado sus filas de esa gente que gobernará desde la cúspide, mediante el miedo y a través del crimen organizado.

 

Los hechos que acontecieron en Guerrero fueron la convalidación del escaso cuidado que los partidos políticos tienen al elegir a sus candidatos; el PRD, fue el ‘conejillo de indias’ más sacrificable entre los tres partidos para colocar entre sus aspirantes en 2012 a un personaje que de acuerdo a numerosas declaraciones, entre ellas de miembros del mismo PRD, ya tenía cuantiosos casos de actividades delictivas y homicidios, lo mismo ocurre con el caso del edil del municipio de Soledad de Graciano Sánchez en San Luis Potosí, José Ricardo Gallardo Cardona también del PRD por actividades ilícitas como uso de recursos de procedencia ilícita y delincuencia organizada y quien a principio de la semana pasada ingresó a la cárcel.

 

En este sentido también podemos tener otras referencias, que han tenido su paso por los instancias judiciales y que fueron sólo comentarios a voces por la probable importancia que tuvieron durante su función, como es el caso de los ex gobernadores de Tamaulipas; Eugenio Hernández y Manuel Cavazos Lerma, este último actualmente fungiendo como senador por el PRI, fue electo por el principio de primera minoría en 2012, cuando aún la Procuraduría General de la República tenía una investigación en su contra por lavado de dinero y delincuencia organizada.

 

Bajo el principio hobbesiano, Sicilia pretende afirmar que los políticos son el lobo del ciudadano, que el enorme Leviatán que representa a nuestro país, sólo estará en paz con base en el conflicto que transforme al mismo Estado; el llamado a la mexicanos no es al azar, ya que se sabe que en el 2012, aproximadamente más de 50 millones salieron a las urnas a elegir Presidente de la República, por ello pide que esos mismos ciudadanos ‘pasen por encima de las instituciones’.

 

Obviamente, no se puede omitir tales percances como los ocurridos en Guerrero o en otras partes del país; los partidos políticos encargados de elegir a los hombres y mujeres más aptos para un cargo de elección, han dejado la calidad y la vocación por el sensacionalismo y la popularidad. La fama y el éxito en las campañas han perdido la esencia de un servidor público y han dado la imagen de un vividor, esto es cierto; por el contrario, la percepción de acciones “conflictistas” a las que llama Sicilia, debe tener un sustento que evite a toda costa la disfunción social y el desequilibrio; se tiene que evitar el radicalismo.