Entre mexicanos y guadalupanos

Por Rodrigo Rivera

Estas líneas están dedicadas a todos los mexicanos que estamos despertando del letargo social y político que hemos vivido por años; inclusive por décadas. El letargo que aún sigue maquinando en la mente de un gran número de la población. Me quiero referir (y con respeto a las personas) al famoso doce de diciembre que comienza la travesía de festividades que bien los mexicanos disfrutan después de tanto “apendejamiento” del diario vivir.

 

¿Quién es esa señora que mueve masas? ¿Quién es esa señora que manda sin hablar, que mueve sin caminar, que está en el altar de millones de mexicanos sin ser real? Ella se llama Guadalupe, la famosa virgen que ha imperado por siglos en la estructura social de México (llegando a influir en naciones latinoamericanas) y es el último instrumento de fe al que la mayoría de las personas se encomienda; gracias a un gobierno inepto, corrupto, negligente e injusto. Las personas deben refugiarse bajo la sombra de un ser divino que trae a sus fieles felicidad, fe y esperanza a costa de grandes sacrificios.

 

Me enfurece no la fe, porque yo la tengo; me enfurece que las personas sigan cegadas al amparo de una figura religiosa, que siga bajo el yugo de un gobierno que solapa la fe como solvente de problemas propios, ajenos y nacionales. El gobierno sigue permitiendo la libre expresión religiosa sin ningún problema y criminaliza las manifestaciones de hartazgo sociopolítico (y muy poco el económico) que son el pan de cada día; el mana que llega de las altas esferas del poder sin pedirlo.

 

¿Por qué no criminalizar a una persona que cree en una imagen? ¿Sería algo primitivo e inquisitivo? Esas preguntas las podemos hacer de la siguiente forma también ¿Por qué no criminalizar a una persona que cree en México? ¿Sería algo primitivo e inquisitivo? Así de absurdo es el escenario que está creándose en nuestro amado país; violado, ensangrentado, prostituido, vendido y criminalizado, ese es nuestro país; sobajando con pobreza y miseria a todas las naciones que viven en el territorio nacional; esclavizando a los citadinos con horarios de paga miserable y trayendo esperanza con la Navidad y con la famosa divinidad guadalupana.

 

 

 

El día que el capital religioso se convierta en un capital ciudadano real ─es decir; que cada uno realmente viva a diario su ciudadanía con responsabilidad y no de forma reactiva; sino preventiva y proactiva─ el México que vemos caótico y alborotado por derramar las mieles de la fe y la esperanza, podremos derramar las mieles de nuestra responsabilidad y compromiso con México. No quiero un México ateo o un México guadalupano, quiero realmente un México donde todos podamos manifestar nuestra corresponsabilidad con  el Gobierno y con la vida política del país.

 

Dejar la fe ciega y entrar en el umbral de una fe racional para hacer de nuestro país un Estado que sea funcional, que impere el Derecho, que la corrupción no sea un problema “cultural” (diría Peña Nieto) y que la división sea sólo para reconocer a los criminales de los ciudadanos responsables. Si no criminalizan a la masa de guadalupanos, que no criminalicen nuestro derecho a expresar la ineptitud de gobernadores corruptos, ineficientes y negligentes. Hay que criminalizar al opresor, no al libertador. Que nos libere la justicia y la democracia y no una imagen religiosa que no habla, que no piensa, que no siente, que no cree y que no protesta por un México mejor.