¡No son anarquistas, son terroristas!

Senador Casimiro Méndez

Era 2 de octubre por la mañana. Como de costumbre me despertó la alarma de mi reloj, eran las 6 de la mañana. Después del baño encendí el televisor, sintonicé el canal de una de las televisoras más grandes del país. Estaban repitiendo imágenes ocurridas el 26 de septiembre pasado, la nota principal de ese histórico día, no se la llevaron los miles de marchantes que seguían exigiendo la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa, ni los padres de los jóvenes estudiantes desaparecidos. La nota principal del día 26 de septiembre, se la llevaron unos cuantos vándalos encapuchados, conocidos como anarquistas.

 

En las imágenes se podía observar mujeres y hombres encapuchados vestidos de color negro tirando cohetones contra la policía, rompiendo cristales de varios negocios, destrozando la infraestructura urbana, y pintarrajeándolo todo a su paso. Las imágenes eran acompañadas de la voz de un prominente hombre de negocios, representante del sector empresarial, quien se quejaba que, sobre los costos de esos destrozos, había que considerar otro daño ocasionado por los vándalos. “El daño a la percepción del país, en cuanto a la paz y tranquilidad que aspiramos proyectar al resto del mundo, como un lugar para atraer inversiones y al turismo, esas imágenes las están viendo en todo el mundo, y son esparcidas no solo por la televisión sino por las redes sociales”.

 

Horas más tarde, después de la comida, nos preparamos con algunos amigos para asistir a la marcha conmemorativa del 2 de octubre, -no debemos ir, las cosas están muy calientes y complicadas con los anarquistas-, me dijo un compañero.

 

A pesar de las advertencias, marchamos. Y efectivamente el ambiente era muy tenso, nos integramos un poco tarde a la marcha, no alcanzamos a ver a quienes iban encabezando esta emblemática movilización. Nos integramos frente al Palacio de Bellas Artes, de tras de unos jóvenes estudiantes, que con mucha firmeza y combatividad gritaban, ¡2 de octubre no se olvida! De pronto un fuerte estruendo se escucha y rompe los cristales de un edificio cercano. Desde el lugar en que nos encontrábamos no supimos si el estallido era debido a una bomba molotov o un cohetón. La marcha se detuvo en seco, todos los jóvenes estudiantes en ese momento levantaban las manos apretando el puño mientras gritaban, ¡no violencia, no violencia! Además de alejarse y aislar a quienes comenzaban hacer destrozos. Eran los mismos, un grupo reducido de mujeres y hombres comenzaban a dañar anuncios, romper cristales, insultar y agredir a quienes se manifestaban de forma pacífica.

 

Estos encapuchados dejaban mensajes focalizados contra el Presidente de la Republica y contra el partido Morena, como los siguientes: “Muerte a Morena”, “AMLO violador”, “AMLO vamos por ti”, “Muerte al Estado”.

 

Cada acto vandálico era cubierto por decenas de periodistas, al parecer la gran marcha estudiantil, civil y pacífica, pasaba desapercibida para varios reporteros, porque por cada acción de los porros, por mínima que fuera, siempre era acompañada de decenas de cámaras, de celulares y micrófonos. Al parecer se pretendía magnificar las acciones vandálicas, sobredimensionar las acciones delictivas de unos cuantos, para intentar borrar la memoria histórica que significaba la marcha conmemorativa del 2 de octubre.

 

Parecía como si se estuviera ensayando un escenario de caos, desestabilización e ingobernabilidad, que podría usarse con mayor contundencia en un futuro no muy lejano este tipo de escenas. Parecía como si el objetivo fuera sembrar la percepción de anarquía, en el resto del país y del mundo. Y en nuestro país, esa no es la realidad, hay gobernabilidad, hay un gobierno fuerte y legitimo respaldado por el pueblo de México.

¿A quién conviene generar este tipo de percepción de inestabilidad en nuestro país? ¿A quién le conviene un México dividido?

Las acciones vandálicas de estos porros continuaron, pero amparados entre las multitudes de la marcha. Si estas acciones delictivas tuvieran fuerza o contaran con el apoyo popular, las realizarían sin el cobijo de ninguna movilización popular. Si tuvieran la fuerza las realizarían solos y con su propia fuerza, la cual no existe, aunque intenten magnificar la anarquía, sus acciones no tienen eco ni el respaldo popular.

 

A las pocas horas la marcha concluyó, sí con resultados lamentables, pero sin los resultados que otros esperarían, que otros hubieran festejado.

 

Al día siguiente, tuvimos una reunión con el embajador de Venezuela, y al preguntarle sobre las condiciones actuales del país, sobre su realidad social, para evitar la desinformación de la prensa internacional, que siempre construyen una percepción de caos y desestabilidad del país, el embajador respondió: “Venezuela en estos momentos, está bien. Está en paz y trabajando incansablemente, construyendo pueblo con sus diferentes programas sociales”.

 

Le pregunto al embajador, como nace la percepción de caos y la desestabilidad social en Venezuela, y me contesta contundente: “Igual como lo está viviendo México en estos momentos”. “En Venezuela, las grandes movilizaciones pacíficas fueron infiltradas por grupos violentos de extrema derecha, grupos financiados por el imperialismo o la oligarquía nacional”. “Cada acción de estos grupos violentos y terroristas era magnificada por la prensa internacional”. “El país trabajaba con normalidad, mientras a nivel internacional, se proyectaba una Venezuela sumida en el caos y la anarquía”. “Estos grupos que violentan las manifestaciones pacíficas, no se mueven de forma espontánea, ni para reivindicar ninguna ideología, estos grupos generalmente son financiados por grandes capitales y persiguen objetivos económicos, y en Venezuela el objetivo era arrebatarnos el petróleo, y para lograr este objetivo, nuestro gobierno socialista, les estorbaba y les seguirá estorbando por muchos años”. 

No me cabe la menor duda, que hay algunos intereses, que intentan generar la percepción de anarquía en nuestro país, intereses que son capaces de comprar voluntades para vandalizar el centro de la Ciudad de México, y aprovecharse de cualquier causa o movilización para llevar la violencia a las calles.  Intereses que son capaces de reclutar, entrenar y mover a mujeres y hombres jóvenes para sembrar el terror en manifestaciones pacíficas. Intereses maquiavélicos o fascistas, que no van a escatimar recursos materiales ni intelectuales para lograr sus primeros “mártires” y entonces el nivel de violencia de estos vándalos podrá escalar a un segundo plano, pues ya tendrían a su nuevo mártir, por un lado, y por otro lado sería  el pretexto perfecto para ciertos empresarios dedicados al negocio de la comunicación afines a la derecha, para tachar a nuestro gobierno de represor y a partir de ahí sembrar la percepción de caos, anarquía y desestabilidad en nuestro país, y entonces los demonios volverían intentar recuperar a México.