Estabilidad a toda costa

Por Luis Sosa

Ante la calamidad e incertidumbre, es mejor ganar muy poco (o inclusive nada) a perder; cualquiera lo sabe y recurrentemente se lleva a la práctica.  Tanto para las personas, instituciones y gobierno se aplica la misma regla. México es un caso que explica muy bien lo anterior mencionado. El contexto económico de la nación ha venido perdiendo brillo, distintas fuerzas (externas e internas) han desviado el plan económico del gobierno federal y por tanto se han tomado decisiones en pro de mantener la estabilidad a toda costa, privilegiándola sobre el crecimiento y desarrollo. Es decir, “salir o quedar tablas para el final del año”.

 

Los vientos que mueven la torre de naipes que representa la economía mexicana son diversos. En un primer sitio se encuentran indicadores arrojados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), los cuales muestran una desaceleración en el consumo privado y confianza del consumidor, creciendo  1.2% en el mes de abril (el más bajo desde 2014) y bajando 1.9% en junio del año pasado. Aunque la cifra es pequeña, el panorama se complica para los consumidores con el deterioro de la actividad económica, pues también el sector industrial de exportación pisó freno. Parece ser que los motores económicos del país han comenzado a averiarse.

 

 

En el ámbito exterior, la consumación del Brexit y la lucha por mantener el tipo de cambio estable (o más bien no tan caro) respecto al dólar hacen peligrar la estabilidad económica.

Para no entrar en complicaciones antes de tiempo, el gobierno federal optó por recortar el gasto público en poco menos de 32 mil millones de pesos justo después de que el Reino Unido decidiera abandonar la Unión Europea. A esto se debe añadir el recorte anunciado el febrero pasado por 132 mil millones.

 

Pero el intento más mordaz por mantener la estabilidad económica es el aumento en 50 puntos a la tasa de interés, de 3.75% a 4.25% con la intención de apoyar al peso frente al dólar y mitigar los riesgos de inflación, que para el 2017 se estiman entre 2.6 y 3.0%.

 

Ante estas medidas, lo único que podemos concluir es que son medidas de estabilidad económica al corto plazo, es decir, el panorama de crecimiento económico es muy adverso (estimado en 2.4 o menos según Barclays), lo que se busca no es crecer, sino ya no perder más.

 

El recorte al gasto público habla sobre ello: quitar para financiar el déficit, golpeando a la inversión pública y al empleo. La segunda medida referida es claramente la que mejor lo explica todo: subir 50 puntos la tasa ante los riesgos inflacionarios causados por el tipo de cambio, aunque esto golpee al consumo privado y la inversión.

 

 

Sí, seguramente este aumento ha de fortalecer el precio del peso ante el dólar, pero su efecto no durará mucho, recordando que en diciembre de 2015 se aumentaron 50  puntos (de 3.25% a 3.75%) y el resultado solo pudo sentirse con algunas pequeñas rachas de victorias frente al billete verde en enero, para que en marzo otra vez se observara al peso como una moneda débil e insegura.

 

Además otro punto sobre el aumento a la tasa de interés,  destacado  por Gómez Tamez, “¿entonces cuál es el punto de haber encarecido el dinero en México sí lo más seguro es que en Estados Unidos no aumentará?”[1] Recordando que es muy improbable que la FED aumente su tasa de interés.

 

Entonces solo podemos decir que es otra decisión estabilizadora a corto plazo; planeada, pero sin previsión.

 

Fuentes:

INEGI

Barclays Bank Mexico Moody’s

Tamez Gómez Alejandro. (2016). El incremento Que No Debió Haber Sido. 12/07/2016, de El Financiero Sitio web: http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/el-incremento-en-la-tasa-de-interes-que-no-debio-haber-sido.html