Un proyecto chino amenaza el dominio de Washington sobre las finanzas del desarrollo

Por Jorge A. Nieto

“Dinero llama dinero” es la idea detrás de las inversiones para el desarrollo, pero saber de dónde viene el dinero también es importante. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, las finanzas internacionales para el desarrollo han sido dominadas por el Banco Mundial, institución que fue creada en un momento de relativa fuerza de Estados Unidos. Sin embargo, las críticas a ese dominio han provocado la búsqueda de alternativas; por ejemplo, China presentó un proyecto que podría ser un gran reto a la preeminencia de las instituciones basadas en Washington.

 

La estructura del Banco Mundial está basada en el voto diferenciado, donde los países tienen un número asignado de votos de acuerdo al tamaño de su economía y al monto de sus contribuciones. Naturalmente, los países desarrollados obtienen la mayor parte de los votos, decidiendo sobre los altos mandos de la institución y las políticas de asignación de préstamos. Esto ha causado mucho resentimiento entre los países en desarrollo y han surgido proyectos de bancos de desarrollo regionales independientes del Banco Mundial.

 

Aunque la falta de coordinación entre los interesados en obtener fuentes de financiamiento alternativas y los poseedores de los recursos necesarios había mermado la escala de estas iniciativas, la mencionada sobre China presentada en el 2013 está empezando a capturar la atención del mundo de las finanzas, porque esta semana los gobiernos de Alemania, Francia e Italia se unieron al Reino Unido en su participación como socios fundadores de un Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII).

 

 

Existe también un Banco Asiático de Desarrollo (BAD), pero su estructura, similar a la del Banco Mundial, le da muchos más votos a Japón y a Estados Unidos que a China. Esto contribuye a la ansiedad del gobierno chino que, según algunos observadores, no está de acuerdo con las políticas de asignación de recursos del banco, que se dedica a todo tipo de proyectos sociales. La nueva institución se dedicaría exclusivamente a desarrollar la infraestructura en el continente, requisito indispensable para que China pueda mantener el ritmo de  crecimiento de su economía basada en exportaciones, pues hacen falta puertos, caminos y vías para introducir los productos chinos a los mercados locales. Esto es particularmente evidente en países poco desarrollados, vecinos de China plagados de problemas como la corrupción y la indiferencia ante los derechos humanos, que han impedido la inversión privada y han obstaculizado la aprobación de préstamos por parte de las instituciones existentes.

 

Un banco controlado por China podría tener políticas de inversión similares a las de empresas chinas en África, América Latina y otras partes del mundo, donde se toleran gobiernos que se sirven de la represión violenta a la disidencia y las violaciones a los derechos humanos para mantenerse en el poder. Muchos gobiernos, incluyendo el de Estados Unidos, han comunicado su preocupación por que se abandonen las buenas prácticas que el Banco Mundial y el BAD han establecido a lo largo del tiempo – como los estudios de impacto ambiental previos al otorgamiento de préstamos – y que se financien grandes proyectos dejando de lado la experiencia disponible en estas instituciones. En principio, el gobierno de China se comprometió a incorporar los más altos estándares en las prácticas del banco, pero como el proyecto todavía no se concreta, es muy pronto para hacer un pronóstico sobre el grado de compromiso de China.

           

Muchos temen que este nuevo banco se convierta en un instrumento del gobierno de Pekín para extender su influencia sobre el continente. Algunos analistas han empezado a señalar que si Japón, Corea del Sur, Australia y otros aliados de Estados Unidos no se involucran en el diseño del BAII, podrían quedar fuera y que después sería demasiado tarde para influir en el nuevo sistema. En la última reunión de los ministros de relaciones exteriores de China, Corea del Sur y Japón, el ministro japonés dio a entender que su gobierno está interesado en participar en el proyecto, pero aún falta ver medidas más concretas. Declaraciones de oficiales estadounidenses parecen indicar que el gobierno cambió su postura de rechazo y está aceptando la nueva realidad, con lo que es probable que también busquen intervenir en las negociaciones. Por ahora hay muchos secretos en torno al proyecto. Sólo el tiempo dirá si no tomaron la decisión demasiado tarde.