Energías alternativas o la era que sustituye al petróleo

Por Lourdes Tercero

El fortalecimiento del gigante asiático, China, subestima al petrodólar; el petroyuan podría estar a la vuelta de la esquina, de este modo, Estados Unidos entraría en una crisis de proporciones inusitadas, pero no precisamente por los hidrocarburos, pues tres de sus empresas petroleras lo amparan al colocarse como las mejores del mundo, sino más bien porque el escenario hostil que está viviendo, no sólo él, sino, en general, hace que las economías estén aferradas al dinero fiat (no volver al patrón oro); lo que agudizan su devenir.

 

Rusia, por su parte, de no ser por su gas natural, difícilmente sería un infaltable energético para Europa del Este, otra geografía cuya demanda energética se satisface del petróleo como lo hacen también todos los miembros de la OPEP.

 

Y hablando de la OPEP, uno de sus miembros, Arabia Saudí, aprovechando su liderazgo ganado a pulso en la zona, no vacila en tomar las riendas de muchas de las decisiones políticas internacionales que involucran a Medio Oriente, pues es el que tiene ventaja sobre varios países de esta región en materia de hidrocarburos.

 

 Venezuela, un miembro más de este “cártel”, está viviendo las consecuencias inesperadas de su petróleo subsidiado.

 

México vive el fin de Pemex como gran (?) empresa paraestatal; algunos expertos aducen a que es todo lo contrario a Petrobras, la colosal empresa brasileña, de la que debería más bien tomar el modelo a seguir, según algunos expertos. No obstante, esta semi estatal también sufre a menudo episodios indeseables.

 

¿A qué nos lleva todo esto?  No es que la Era del petróleo esté precisamente llegando a su fin, pero es innegable que actualmente se está viviendo a lo largo y ancho del planeta una tensión apabullante en términos de hidrocarburos. Los gobiernos del mundo se ven ante el dilema del uso de la energía nuclear y además de planes verdes que minen la crisis que impera en el mundo actualmente.

 

Energía nuclear, una opción, aunque temida

Según datos del Organismo Internacional de Energía Atómica, en todo el mundo hay 439 reactores nucleares en operación; sin embargo, este tipo de energía aún es muy temida por muchos países y despierta grandes controversias; pero, a su vez, se erige como una gran oportunidad.

 

Tras los embates de Fukushima, el gobierno de Japón reanudó su plan nuclear. El ejecutivo nipón decidió el año pasado continuar con la energía nuclear, pues es «una fuente importante», barata en cuanto a costes operativos y generadora de electricidad continua de manera estable. Japón reactiva su plan nuclear, aunque ya con más moderación, porque reconoce que constituye una gran ventaja.

 

Francia, el país con mayor uso de energía nuclear, también reconsideró el uso de esta energía pues temió una tragedia similar a la de Fukushima; sin embargo, actualmente depende en un 77 % de ella.

 

Francia no tiene carbón ni gas y tiene poca gasolina. En la década de 1970, en Francia fue forjado un “gran proyecto”, o sea, la explotación de la energía nuclear, diseñado para hacer de Francia lo más independiente posible en materia energética. Sus reactores han estado produciendo energía con muy baja producción de dióxido de carbono a uno de los precios más bajos en Europa durante décadas, ayudando a que la industria francesa sea altamente competitiva.

 

Aun con esto, la energía nuclear se presenta todavía sujeta a polémicos debates, pues lleva consigo la gestión de residuos radiactivos o la posibilidad de un accidente nuclear, aunque la reducida emisión de CO2 de ésta, aunado a la precariedad de las energías renovables, ponen de manifiesto que la energía nuclear será la alternativa más próxima ante la crisis de los combustibles fósiles que hoy tiene lugar.
 

 

Los planes verdes

Otra propuesta que se barajea en el mundo es el aceleramiento de las energías renovables. Una de las consecuencias del Protocolo de Kioto era incentivar el uso de las energías no finitas, como, por ejemplo, las energías eólica, geotérmica, hidroeléctrica, solar y los biocombustibles. En 2007, la UE participó con 35 millones de metros cúbicos de biocombustibles, entre ellos el biodiesel.

 

En el panorama agrícola, para la producción de biodiesel se necesitan vastas cantidades de tierra y agua para producir soja y girasoles, dos de las materias primas más utilizadas. Se necesitarían el doble de área de Estados Unidos para soja si se quisieran cubrir las necesidades de calefacción y transporte de este país. La soja es uno de los combustibles que genera buena expectación pues en varios países ya se exige que el diésel convencional contenga cierto porcentaje de este bioenergético.

 

Sin embargo, la precariedad agrícola es un problema en todo el mundo y para que sean posibles las energías renovables, se asoman el uso de transgénicos, los cuales vendrían en auxilio y se colocarían como materia indispensable. En un futuro próximo veremos a los transgénicos como posibles protagonistas de las energías a partir de vegetales.

 

La energía eólica también da buenas expectativas: a mediados de 2014, la capacidad mundial instalada de energía eólica ascendía a 336 gigavatios, generando alrededor del 4% del consumo de electricidad mundial.

 

Es evidente que, ante la crisis que suponen hoy el uso de los combustibles tradicionales, quizás tengamos que voltear a ver irremediablemente en los parques eólicos, en los girasoles y, por supuesto, en las plantas nucleares a las nuevas fuentes de energía.

 

Lo cierto es que actualmente no son baratas: el tiempo y la demanda, que se perfila en aumento, lo determinarán. También, el que en adelante las fuentes de energía alternativas sean competitivas parece un hecho que los científicos y tecnólogos con sus investigaciones nos están demostrando.