Por Hristo Torres

Aturdidos. Mareados. Confundidos. Así es como muchos nos sentimos este día. Es como si despertáramos con la mayor resaca colectiva de la historia, consecuencia de una larga borrachera en la que reímos, nos burlamos, dudamos y nos reconfortamos mutuamente, asegurándonos unos a otros que lo inimaginable jamás pasaría. Después de abrir los ojos, tratamos de recrear los hechos de la noche anterior buscando una explicación, deseando, en el fondo, descubrir que en realidad seguimos sumidos en un profundo sueño etílico y que esto no es más que una pesadilla.

 

Pero no. Lo inimaginable ha ocurrido. Donald Trump será presidente de EEUU.

 

Está en las primeras planas de los periódicos, en la televisión y por todo el internet, así que entre más pronto lo asimilemos, mejor. De nada sirve que pretendamos negarlo, por muy desagradable y nauseabundo que nos parezca. El siguiente paso en el inevitable proceso de duelo es comprender por qué pasó, al menos superficialmente.

 

Si bien habrá muchas explicaciones para este rudo despertar, las cuales cambiarán según a quien se pregunte, considero que debemos empezar con la más sencilla de todas, que aparece a manera de dicotomía. Donald Trump ganó con el voto de Wisconsin, Michigan y Pensilvania, estados que se creía que Hillary ganaría cómodamente. Esto, a su vez, fue producto del exceso de confianza en las encuestas y en las proyecciones por parte del equipo de Clinton, descuidando su campaña en estos tres sitios, llevándola a perder por unos márgenes pequeñísimos, lo cual sólo ayuda a echar sal a la herida.

 

Como último consuelo se puede recurrir a una explicación más completa que deberá tomar en cuenta los muchos y muy variados factores que influyeron en este resultado, por lo que el análisis de los mismos tomará un poco más de tiempo.

 

Mientras tanto, escribo estas breves líneas esperando que esta sencilla explicación sea suficiente para calmar -aunque sea ligeramente- las ansias de respuestas que todos deseamos ahora mismo. De esta forma, pienso que no debemos caer en el pánico y el miedo, ni entretenernos más de lo necesario buscando explicaciones, sino desarrollando soluciones para los desafíos que nos depara el futuro, a las cuales contribuiremos activamente.

 

Y así empieza nuestra larga resaca colectiva.