Trump: oportunidad para México y Asia

Por Eduardo Tzili

El 9 de noviembre de 2016 el hemisferio se despertó con la noticia –sorprendente para algunos, inevitable para otros– de la victoria electoral de Donald Trump para la Presidencia de Estados Unidos. En Asia, el sector bancario y financiero, los japoneses convocaron a una reunión de emergencia para decidir medidas frente a la caída del yen y de Nikkei ya que el índice bursátil al momento del conteo de votos, presentó una caída del 5.36 por ciento. La bolsa de valores de Shanghái cayó también 0.62%, y la de Hong Kong 1.95por ciento. De igual manera, en Corea del Sur, el Consejo Nacional de Seguridad convocó a una reunión extraordinaria por las turbulencias que la elección estadounidense podría causar para la península coreana. Asia se prepara para una era algarada en la política y economía internacionales.

 

En México el presidente Peña Nieto convocó a su gabinete a una reunión de emergencia tras los resultados de la elección y la caída del peso mexicano a un máximo histórico de 20.39 por dólar. Pero, ¿las elites mexicanas se estarán preparando al mediano y largo plazo? Cabe recordar que Trump condenó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, diciendo que se renegociaría o se finalizaría, aunado a que propuso impulsar altas tarifas aduanales en el comercio con México, sin mencionar la su política de inmigración y su “muro de contención”. Es probable que Estados Unidos ingrese a una era de alto proteccionismo, no sólo comercial, sino también social.

 

Si bien la adhesión al Tratado Transpacífico –otro acuerdo comercial con el que Trump no está muy a gusto– es una de las estrategias del gobierno mexicano para diversificar sus relaciones económicas internacionales, ante la “previsible” victoria de Trump. Desde los ojos del secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, es menester que México estudie otras estrategias más “agresivas” para integrarse más a Asia. La diversificación, entonces, es clave para la política exterior mexicana de los años venideros, pero esta diversificación no debe limitarse a lo comercial, sino se requiere una diversificación integral.

 

Desde inicios del siglo XXI, China ha buscado establecer un TLC con México, el cual se sumaría a la serie de acuerdos de libre comercio del país asiático con la región latinoamericana: Chile (2005), Perú (2009) y Costa Rica (2010). Aunado a esto, se encuentra en proceso de estudio de factibilidad un TLC con Costa Rica y con Uruguay. Más allá de las retóricas alarmantes sobre el aumento de una “influencia hegemónica” china en América Latina, esta serie de acercamientos comerciales en realidad reflejan una lógica de beneficio económico y comercial. Hay que dejar de pesar que los Estados latinoamericanos son meros actores receptivos y pasivos de las políticas de otros países. El acercamiento a otros actores puede resultar beneficioso para nosotros.

 

En este tenor, el gobierno mexicano debe considerar, muy seriamente, iniciar los estudios de factibilidad para el establecimiento de un TLC con China. El estudio de factibilidad no sólo deberá ser técnico y comercial, sino que deberá ser integral para profundizar el conocimiento sobre un socio que nos es muy ajeno. El establecimiento de un TLC sólido, completo, abriría la puerta a otro tipo de acuerdos mucho más profundos, como acuerdos comerciales en servicios, acuerdos en materia de inversión, e incluso la posibilidad del intercambio comercial en yuanes, sin mencionar acuerdos en materia educativa, médica, de infraestructura, cooperación, etc.

 

Los beneficios no sólo serían comerciales bilaterales, sino también multilaterales. Un TLC con China se sumaría a la red de TLC con Perú y Chile. Previniendo que se establezca el TLC China-Colombia, México estaría en las posibilidades de impulsar un nuevo acuerdo económico integral China-Alianza del Pacífico. En términos geopolíticos, el viraje en la política exterior servirá tanto para acercase a Asia –ya que la Alianza del Pacífico ha desarrollado fuertes vínculos con la Asociación de Naciones del Sureste Asiático– como para América Latina.

 

No está por demás considerar la posibilidad de que Donald Trump renegociará el TTP. Ante ello, y sin alejarse de los compromisos adquiridos, es también importante ver qué tan viable es el acercamiento al esquema del Acuerdo Regional Económico Integral (RCEP, por sus siglas en inglés), sobre todo desde Alianza del Pacífico. Como muestran algunos análisis, México tiene una estructura económica, productiva y comercial mucho más cercana a los países del RCEP, sin considerar Japón y Corea del Sur, que a los países del TTP.

 

Opciones hay, sobre todo en Asia. Es fundamental que México estudie todas las posibilidades ante la probabilidad de ocho años de mandato de Donald Trump.

¿Se acercan tiempos aciagos? Más bien, tiempos de oportunidades.