La contienda: primer resumen

Por Diego Díaz y Hristo Torres

Desde hace algunas semanas, en Metrópoli nos propusimos la tarea de dar seguimiento al acontecer del proceso electoral para la Presidencia de Estados Unidos. Al acercarse cada vez más la fecha para que los estadounidenses emitan su voto y decidan entre Hillary Clinton y Donald Trump, en esta ocasión presentamos un breve resumen de los acontecimientos relevantes del mes, así como un análisis de cómo han cambiado las tendencias según las encuestas y las predicciones sobre el resultado de la contienda.

 

Comenzamos con el enorme papel que jugó nuestro país, o mejor dicho, el presidente Enrique Peña Nieto, quien a través de la invitación extendida a Trump para que visitara México, le hizo un gran favor al candidato republicano. Poco hay que decir que no se haya dicho ya –saludos, Iñárritu-, más que este acto proporcionó una excelente plataforma a Trump para consolidad su política migratoria, la cual es uno de los puntos más controvertidos de su campaña, pero también el que mejores resultados le ha dado.

 

Por otro lado, otro tema central de la contienda que marcó la agenda de septiembre fue el de la seguridad nacional, particularmente por el 15 aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre, generando una gran expectativa en la opinión pública. Se presentaron las previsibles declaraciones del candidato republicano, mientras que el discurso presentado por el bando demócrata se aseguró de respetar el status quo, ambos buscando posicionarse dentro del gusto del electorado.

 

Otro tema que atrajo la atención de la opinión pública fueron los problemas de salud de Clinton, los cuales le obligaron a retirarse prematuramente de un evento. De inmediato se presentó una avalancha de artículos, columnas y reportajes en los que se cuestionaba si la ex primera dama sería apta para la presidencia. Trump, por supuesto, también aprovechó la oportunidad y lanzó una serie de ataques en esa misma línea.

 

Tampoco debemos olvidar el papel de otras organizaciones o actores que pretenden inclinar la balanza en beneficio de alguno de los candidatos. No es extraño que las celebridades sean parte del proceso político, pronunciándose a favor de un aspirante a la presidencia o haciendo donaciones a su campaña. Tal es el caso de la organización Save the Day, encabezada por el director Joss Whedon -a quién recordarán por su trabajo en el Universo Cinematográfico de Marvel- y que cuenta con la participación de una gran cantidad de actores, entre los que destacan Robert Downey Jr, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo, James Franco, Cobie Smulders y Neil Patrick Harris, quienes invitan a la sociedad estadounidense a votar para mantener a Trump fuera de la Casa Blanca.

 

Otro caso digno de mención, si acaso más pintoresco, es el “Corrido para Hillary”, canción compuesta por el mismísimo Vicente Fernández, enfocado a la población latina en Estados Unidos.

 

Regresando al terreno de los partidos políticos, el Senador Ted Cruz y excandidato a la nominación para Presidencia por el Partido Republicano anunció recientemente que respaldaría a Trump el día de las votaciones, retractándose de su anterior postura. Nuestra lectura de esto es clara, y es que se sigue buscando la unificación del partido, ya que aún hay sectores dentro del mismo que siguen renuentes a apoyar al candidato oficial.

 

Iniciando esta cobertura, hablábamos en un artículo que la responsabilidad de unificar al Partido Republicano descansaba en el candidato a la vicepresidencia Mike Pence. Consideramos que lo de Cruz es una estrategia para terminar de cohesionar al partido, pues existe el consenso que un factor determinante para la derrota del GOP en 2008 y 2012 fue la falta de unidad entre los sectores conservadores de la población.

 

Todos estos son factores que han influido en el ascenso de Trump, o mejor dicho, en la caída de Hillary, pues como se ha dicho últimamente con mayor frecuencia, no es que uno esté ganando, es que la otra está perdiendo. A finales de agosto, las predicciones de numerosos medios de comunicación y agencias de análisis indicaban una victoria aplastante por parte de la candidata demócrata, dándole probabilidades de victoria de hasta un 90 por ciento.

 

Ahora, a la publicación de este artículo, estos márgenes se han estrechado enormemente. Por ejemplo, la agencia FiveThirtyEight -que en 2012 acertó en su predicción de los resultados de los 50 estados de EEUU- colocaba las probabilidades de victoria de Clinton en un rotundo 81 por ciento[1], mientras que la noche del debate presidencial este mismo número era un ajustadísimo 54 por ciento.

 

Por lo tanto, esto podría revertirse al menos hasta cierto punto con el resultado del primer debate presidencial. Los candidatos abarcaron casi todos los temas de la agenda política estadounidense, discutiendo sobre economía, generación de empleos, política energética, política comercial, seguridad nacional, política exterior, regulación de armas, política interna y tensión racial, entre otros.

 

Sin embargo, el punto crucial en este primer debate fue el contraste en ambas estrategias. Ya que mientras el magnate continuó fiel a su electorado base, Clinton optó y arriesgo más en la búsqueda del electorado indeciso. Reflejado en la propuesta demócrata de Universidad sin deudas – insignia del Senador Sanders- , entre otras.

 

 

Cualquier observador medianamente neutral estará de acuerdo con nosotros al decir que Hillary fue la triunfadora de este primer debate, pues presentó mejores argumentos, datos duros y propuestas concretas, logrando también controlar sus emociones frente al acoso y los insultos de Trump. Asimismo, se esperaba que el multimillonario se presentara un poco más “presidencial”, menos visceral y más objetivo, pero su personalidad se impuso, hecho del cual la mucho más experimentada Hillary logró sacar provecho.

 

Septiembre ha demostrado ser un mes lleno de sorpresas y altibajos en la carrera electoral para ambos bandos. Mientras que la mayor parte del mes Trump ganó mucho terreno, todo ese avance se podría ver reducido con el resultado del primer debate, el cual difícilmente le conseguirá la victoria por sí solo a Hillary, pero bien podría ser el factor que haga la diferencia y le permita repuntar de cara a poco más de un mes del día decisivo el 8 de noviembre.

 

 

 

[1] Indicador del 26 de agosto de 2016, un mes antes de la publicación del artículo, http://projects.fivethirtyeight.com/2016-election-forecast/