El futuro de Bernie Sanders, parte 1: augurios de lo que pudo ser

Por Hristo Torres

En este texto dividido en dos partes, se pretende analizar los diferentes panoramas para Bernie Sanders, excandidato a la candidatura del Partido Demócrata a la Presidencia de Estados Unidos. En la primera parte se discutirá la contienda por la nominación contra Hillary Clinton y por qué la elección de Sanders hubiese sido insatisfactoria y decepcionante en varios sentidos, mientras que en la segunda parte se analizarán las alternativas para Sanders y de qué manera puede seguir siendo un actor relevante en el panorama político de Estados Unidos aún sin haber llegado a ser Presidente.

 

Hace un par de semanas se celebró la Convención Nacional Demócrata. En ella, Hillary Clinton aceptó oficialmente la nominación de su partido a los comicios presidenciales, convirtiéndose así en la primera mujer en la historia que alcanza tal logro.

 

Durante la conferencia, su rival, el senador Bernie Sanders, terminó su campaña y, en un gesto de respaldo, nominó oficialmente a la ex secretaria de Estado, a fin de presentar un partido unido y cohesionado, como es tradición de los demócratas.

 

Bernie, un radical para la política estadounidense, lanzó su campaña en abril de 2015, momento en el que no se esperaba que llegara muy lejos. Sin embargo, los resultados sorprendieron a más de uno: Sanders obtuvo el 45 por ciento de los votos totales durante las primarias del Partido Demócrata, llegando a derrotar a Hillary en 22 estados, números nada despreciables para un underdog como él.

 

Muchos atribuyen el éxito de su campaña al rechazo de gran parte de los votantes tanto de Clinton como de Donald Trump (el ahora candidato republicano a la presidencia), a quienes perciben como individuos ambiciosos, egoístas e hipócritas que solamente atienden sus intereses personales. Bernie, en cambio, es visto como un político honesto, que dice lo que el ciudadano promedio piensa y que cree en ello, cuyo discurso denuncia al corporativismo que controla la política y la economía estadounidense, señalándolo como el principal responsable de la crisis económica de 2008 que tanto hirió a la economía de la clase media y baja de Estados Unidos.

 

Dentro de sus propuestas, se encuentran el incrementar los impuestos a las grandes empresas y utilizar ese dinero en programas de seguridad social y servicios, tales como una mayor cobertura al sistema de salud y universidades públicas gratuitas. Sanders se encuentra a favor de la legalización de la mariguana y del matrimonio equitativo en todo el país, y se opone a la pena de muerte y al intervencionismo militar, este último tan característico de las últimas administraciones republicanas.

 

 

Un auténtico progresista, ¿no es así?

 

Bernie, si tuviera la oportunidad, podría revolucionar por completo el sistema  político, económico y social de Estados Unidos.

 

Lamentablemente, aunque hubiese ganado las elecciones generales en noviembre, lo más probable es que esta oportunidad jamás se presentase.

 

Durante la mayor parte de su carrera política, Sanders fue uno de los pocos senadores independientes de Estados Unidos, pero que, debido a sus posturas, trabajó con frecuencia con los demócratas, sin haberse afiliado a este sino hasta noviembre del año pasado, a fin de tener una oportunidad de conseguir la nominación.

 

Es precisamente su discurso radical y su carácter de forastero dentro del partido lo que hubiera sido su mayor lastre en la carrera presidencial. La principal razón por la que Bernie fue derrotado por Hillary Clinton fue la falta de apoyos dentro del partido, siendo muestra clara el número de “superdelegados” -líderes del partido con capacidad libre de voto- obtenidos por cada uno. Bernie consiguió durante las primarias un total de mil 865 delegados, de los cuales tan sólo 44 eran superdelegados, mientras que Hillary obtuvo 2 mil 842 delegados, de los cuales 570 fueron superdelegados.

 

Si este fue el resultado durante el período de elecciones internas, ¿qué le hubiera esperado a Sanders de haber llegado a la Oficina Oval?

 

Lo más seguro es que Sanders se encontrara con una fuerte oposición tanto en la Cámara de Senadores como en la de Representantes, pese a contar con mayoría demócrata en ambas, lo que dificultaría enormemente sus propuestas legislativas y detendría su proceso de reformas. Esto, combinado con la falta de apoyo dentro del partido mismo, terminaría paralizando a su gobierno.

 

 

Así, si Bernie hubiera ganado las elecciones presidenciales, lo más probable es que terminaría siendo un presidente con grandes propuestas y grandes ambiciones, pero cuyo rechazo al establishment  terminaría por detener en seco sus proyectos reformistas en más de un frente.

 

Sanders se hubiera visto condenado a relajar el tono de su gobierno a fin de contar con el apoyo del partido o continuar con sus propuestas radicales, las cuales serían detenidas por el Congreso, viéndose enfrentado a una encrucijada que llevaría inevitablemente a la muerte de su carrera política.

 

Si optase por alinearse con las políticas del Partido, perdería gran parte del apoyo de la población que lo eligió como el rebelde que rehusó a ceder ante las presiones de las corporaciones y de las élites partidistas, convirtiéndose en un vendido y reduciendo enormemente sus posibilidades de reelegirse para un segundo término. Si, al contrario, decidiera por presionar con sus propuestas de campaña, sería necesario un complejo proceso de negociación, el cual, de no efectuarse correctamente, le conduciría a la ya mencionada parálisis, mismo que sería percibido como una falta de efectividad por parte del electorado, terminando así con el mismo resultado.

 

De esta forma, lo más probable es que Sanders hubiera sido un presidente muy parecido a Jimmy Carter. Ambos demócratas progresistas, presentaron propuestas reformistas estructurales de alcance económico y social que plantearon revolucionar el sistema político estadounidense, pero, detenidos por su propio contexto histórico, se verían limitados a un mandato mediocre y decepcionante que sería recordado por las generaciones futuras como una enorme oportunidad desperdiciada.