Panama papers: la importancia del no estar

Por Alejandro Torres y Carlos Cortés

A estas alturas ya se ha escrito mucho sobre los denominados Panama Papers, un paquete de documentos filtrados de la firma panameña Mossack Fonseca que evidencian ciertas prácticas cuestionables respecto al manejo financiero de cientos de personas de todo el mundo. Los involucrados abarcan un sinnúmero de perfiles: jefes de Estado y de Gobierno, artistas, atletas, empresarios, y todo lo que pueda haber en medio se han visto salpicados por la filtración más grande de documentos confidenciales de la historia, que equivale a 2.6 Terabytes de información.

 

Las razones por las que esto ha captado la atención de todo el mundo son un poco complejas, pero muy importantes. Para comprender todo el tema es necesario explicar algunos conceptos primero. El primero es el de paraíso fiscal. Se entiende generalmente que un país es un paraíso fiscal cuando provee servicios bancarios a individuos o empresas que no son residentes, su legislación no requiere demasiada información para hacer negocios y/o sus impuestos son bajos o nulos. Esto hace que se vuelvan atractivos para la inversión, lo que es benéfico para la economía del país, que generan ganancias manejando las cuentas.

 

Los paraísos fiscales también permiten a empresas e individuos extranjeros crear empresas que funcionan como ‘pantallas’ o ‘seguros’ para negocios en otras partes del mundo. Si bien esto es legal en casi todo el planeta, la flexibilidad de los paraísos fiscales puede ser explotada para encubrir otras actividades que no lo son, lo que nos lleva al siguiente concepto importante.

 

Como tal, Mossack Fonseca se encarga principalmente de crear Shell companies o empresas fantasma, que sirven como medio para otras compañías, ocultando sus transacciones, para poder triangularlas. De esta manera, tanto individuos como asociaciones son capaces de evadir impuestos u otras actividades ilegales más graves, como el lavado de dinero, radicando ahí la importancia de las filtraciones de los clientes de Mossack Fonseca.

 

 Dentro de la lista de nombres involucrados, llama la atención no solamente quienes aparecen directamente, sino también quienes lo hacen de manera indirecta. Presidentes, primeros ministros y otros tipos de líderes políticos son quienes más destacan. Algunos de los nombres más importantes que aparecen mencionados directamente son los del presidente de Emiratos Árabes Unidos, Bin Zayed Al Nahyan, y el rey Salman de Arabia Saudí; ambos regímenes cuestionables en materia de transparencia, democracia y libertades civiles, o el Presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, quien asumió el cargo en 2014 tras una revolución social que clamaba más transparencia y exigía honestidad a sus gobernantes. Otros políticos que están involucrados por vínculos familiares o de amistad son dos peces gordos de la Política Internacional, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, y el presidente de China, Xi Jinping; ambos miembros de los BRICS y potencias emergentes que tienen la capacidad de desafiar la hegemonía de Estados Unidos en un futuro. Por supuesto que las respectivas oficinas de ambos jefes de Estado se apresuraron a negar las acusaciones, pero el daño a su imagen está hecho.

 

Sin embargo, en este caso también resulta importante señalar quienes no están. Salta a la vista el hecho que en de los documentos no aparezca ni un solo ciudadano estadounidense. Hay quienes han argumentado que esto se debe a que existen métodos para ocultar dinero y negocios de manera local, pero este argumento se queda corto. Ya que no es intención de este texto caer en la especulación, lo más apropiado será esperar a que se publique el informe completo el próximo mes de mayo, en el que se liberará la totalidad de la información filtrada acompañada de evidencia que la compruebe, lo que debería de aclarar muchas cosas.

 

A pesar de ello, no se debe descartar de inmediato la versión del Kremlin, que se trata de una campaña a gran escala por parte de Washington para desprestigiar y desestabilizar a sus rivales, todo esto como parte de la llamada Guerra Híbrida que EE.UU. ha estado implementando en años recientes. Al final, pareciera que A. Huxley tenía razón, y no debemos de temer a la carencia de información, sino al exceso de esta, ahogando a la sociedad en un mar de datos confusos, de manera que se vuelve imposible distinguir lo importante de lo irrelevante ni lo auténtico de lo ficticio.