Por Alejandro Torres

Durante su campaña para reelegirse como Primer Ministro de Reino Unido (RU) en mayo de 2015, David Cameron prometió que se reformaría el status de su país dentro de la Unión Europea (UE) o se retiraría de esta.

La posibilidad de una salida de RU de la UE ha sido conocida desde entonces como Brexit, abreviatura para British Exit. Los pasados 18 y 19 de febrero, Cameron negoció en Bruselas un paquete de reformas que entrarán en vigor si RU decide permanecer dentro de la UE, y un día después, Cameron anunció que dicha decisión ocurriría en un referéndum a celebrarse el próximo 23 de junio.

 

Desde que RU ingresó a las comunidades europeas (antecesoras de la UE) en la década de los setenta, ha sido un tema un tanto controversial entre la población, pues los británicos no se sienten particularmente europeos y han tenido sus reservas respecto a la membresía. Este debate se reabrió en años recientes, y Cameron supo aprovechar la coyuntura para convertirlo en uno de sus puntos fuertes en campaña. Ahora queda pendiente la forma en que se va a atender el tema. RU cuenta con una serie de privilegios dentro de la UE que ningún otro país posee (excepto, quizás, Dinamarca). Por ejemplo, los británicos no tienen la obligación de adoptar el euro como moneda, ni de participar en los rescates financieros a otros países miembro como los que han necesitado Grecia y España si no lo desean, y tampoco pertenecen al Espacio Schengen, por lo que poseen autonomía en su control fronterizo.

 

Todos estos son privilegios que el gobierno ha procurado mantener, y que han ganado importancia en años recientes debido a las problemáticas a las que se ha enfrentado la UE. Muchos ciudadanos y políticos británicos han comenzado a cuestionar si no estarían mejor fuera de la UE por eso mismo, temiendo a la crisis de refugiados y, eventualmente, aportar a los rescates financieros.

 

Sin embargo, las ventajas de permanecer dentro de la UE son mucho mayores. El acceso al mercado común (es decir, la inexistencia de cuotas arancelarias de cualquier tipo entre los países miembro) es la más importante. Por instancia, se calcula que de efectuarse el Brexit, RU perdería cerca del 2.5 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) el primer año, y un 0.5% adicional cada año durante, por lo menos, cinco años. Esto se debe a que más de la mitad de las exportaciones de RU están dirigidas a la Unión, además que se retirarían enormes sumas en inversión directa. 

 Aunque más de la mitad de la población británica está a favor del Brexit, el gabinete de Cameron está consciente de los riesgos económicos que  conlleva, por lo que, desde que se anunció el referéndum, ha cambiado su postura. En un plazo de dos semanas, la oficina de Cameron ha hecho públicos tres documentos que explican las desventajas del Brexit, al mismo tiempo que resaltan las ventajas de permanecer dentro de la UE, sobre todo con los acuerdos logrados en febrero. Tanto políticos británicos como del resto de Europa ya han tomado bandos, la mayoría pronunciándose en contra de la salida. El referéndum, sin embargo, no es definitivo. De resultar ganador el Brexit, significaría el inicio de un proceso (ampliamente detallado en el Artículo 50 del Tratado de la Unión Europea) que involucra tanto al gobierno británico como a los otros 27 países miembro de la UE, y que iniciaría un período de negociaciones de por lo menos dos años, lo que indudablemente provocaría gran incertidumbre para la economía y política británica, que podría afectar, incluso, a toda Europa.