El mundo después del 9/11

Por Alejandro Torres

El terrorismo es sin lugar a dudas uno de los factores que han definido nuestra era, y los eventos del 11 de septiembre de 2001 son el punto coyuntural que marca su inicio. A catorce años de los más grandes atentados terroristas de la historia, me parece que es difícil dar un dictamen de cómo ha cambiado el mundo a causa de éstos, pues como dice Maquiavelo con su metáfora del paisajista “es necesario alejarse hasta cierta distancia para poder distinguir mejor cualquier objeto de estudio”. Sin embargo, al igual que muchos académicos y analistas, considero que a estas alturas ya es posible pintar un cuadro medianamente decente.

 

Los atentados del 11 de septiembre, atribuidos al grupo radical islámico Al-Qaeda,  fueron el inicio de una nueva era para la sociedad occidental, cambiando el panorama internacional de manera radical. Quisiera destacar tres grandes parteaguas en este ámbito consecuencia de ello: la respuesta internacional derivada, la creación de leyes antiterrorismo en ciertos países y la intervención militar en Medio Oriente que desestabilizó aún más a una región de por si inestable desde hace décadas. Si bien las repercusiones de este evento son múltiples y muy variadas, en este texto me limitaré a abordar solamente estas tres.

 

 

El primer gran cambio resultó también una gran sorpresa. Horas después de ocurridos los atentados, prácticamente todos los gobiernos occidentales hicieron anuncios de su “enérgico repudio”, para sorpresa de pocos. Lo que resultó más interesante fueron las declaraciones de los gobiernos de algunos países árabes y rivales ideológicos de Estados Unidos, como Rusia o Corea del Norte. Todos los países musulmanes -con la excepción del gobierno de Saddam Hussein en Iraq, que dijo que Estados Unidos estaba “cosechando lo que había sembrado”- presentaron a su Jefe de Estado hablando sobre su disgusto y voluntad para combatir al terrorismo a nivel internacional, aunque eventualmente no se llevara a la práctica. Resaltaron los comunicados de Irán, Pakistán, Libia, Palestina y Egipto, quienes a pesar de ser vocalmente anti-estadounidenses expresaron abiertamente su solidaridad con el pueblo norteamericano y emitieron anuncios condenando los actos. Esta ha sido una de las pocas ocasiones en que los gobiernos del mundo han sido capaces de ponerse de acuerdo respecto a un tema, aunque solo fuera en el discurso, y que se unieron en una voz denunciando estos actos que muchos calificaron como “cobardes”, “inhumanos” o “barbáricos”.

 

El segundo parteaguas fue la creación de medios legales para el combate del terrorismo. Previo a estos hechos, pocos países contaban con legislación anti-terrorista o con mecanismos que pudieran combatirlo. En cuestión de meses, todos los países miembro de la OTAN y del ANZUS ya contaban con mecanismos legales para atender lo que se convirtió en una preocupación de dimensiones globales. En todos los países desarrollados apareció un sentimiento de preocupación e incluso de paranoia frente a la posibilidad de ser blancos de estos ataques. No fueron pocos los gobiernos que convocaron a reuniones urgentes con sus jefes defensa para discutir el tema, y organismos como la OTAN, el Consejo de Seguridad de la ONU o el Consejo de Seguridad Europea ya estaban tratando el tema un día después.

 

 

Cabe destacar el caso de Estados Unidos, en donde se aprobó el denominado “Patriot Act”, que permitió agilizar su movilización de tropas alrededor del mundo sin la necesidad de contar con un auténtico uiris bellis. Así mismo, se abrió la ampliamente criticada prisión de Guantánamo, en donde se encarcelan y tortura a sospechosos de actos terroristas.  

 

Estos dos grandes cambios se convirtieron en un factor determinante para el tercero. El miedo y los cambios a las legislaciones de los países miembro de la OTAN se tradujeron en un apoyo casi total a Estados Unidos cuando el entonces presidente George W. Bush anunció sus intenciones de enviar tropas a Afganistán, donde se creía se encontraban los cabecillas de Al-Qaeda. Este suceso marcaría el inicio de la llamada “Guerra contra el Terror” de EUA, vigente a la fecha. Dos años después de iniciada esta operación, se lanzó una campaña en contra del gobierno de Hussein, a quien los norteamericanos acusaron de haber apoyado los ataques. Si bien el control de Hussein en Iraq era dictatorial y su derrocamiento y enjuiciamiento pudiera ser visto como un avance en la región, la intervención de EUA solamente logró desestabilizar Iraq y sus alrededores, convirtiéndolo en un campo de cultivo para nuevos grupos radicales de ideología islámica.

 

 

Mucho se ha dicho sobre los atentados del 11 de septiembre, apuntando a múltiples responsables, existiendo incluso especulación sobre un auto-ataque que justificara el regreso de Estados Unidos a Medio Oriente. Pero si de algo podemos estar seguros es que se ha tratado de un evento que sacudió el orden mundial y que significó el inicio de una era de conflicto entre lo occidental y lo musulmán, en el que Estados Unidos en su búsqueda de revancha por poco menos de 3,000 vidas, ha perjudicado varios millones más.