Guerras en América Latina por agua, más cerca de lo que crees

Por Diego Peña

El agua es un recurso vital, y hasta ahora irremplazable, para la vida. Nuestro cuerpo está hecho en un 65% de agua, pero, ¿qué pasa cuando este líquido se convierte en el eje central para la formulación de políticas por parte de los actores?

 

El agua, ese recurso sin el que no podemos vivir, desarrollarnos, ni hacer prácticamente nada de lo que hacemos en nuestra vida diaria; objeto de muchas obras literarias y pinturas, atribuida a los dioses, que ha existido incluso antes de la misma formación del ser humano; ahora está a punto de terminarse. O eso parece.

 

Pero, ¿qué pasa cuando los diversos actores internacionales generan políticas que toman al agua como eje central de las mismas? ¿Qué sucede cuando el agua es tan importante que las empresas multinacionales buscan privatizarla para diversificar sus usos, entre ellos, cobrar por cada gota de agua que consumamos? ¿Qué es lo que lleva a los Estados a ejercer su poder e influencia sobre otros Estados para la protección y futura obtención de este vital recurso? Todas estas políticas conforman la hidropolítica. Oh, sí, el “arte” de hacer política con el agua.

 

Hidropolítica, ¿con qué se come?

Pero hay que empezar desde lo básico: ¿qué es hidropolítica? Puede definirse como “el estudio del conflicto y la cooperación entre Estados por los cursos de agua que atraviesan fronteras internacionales”.

Sin embargo, la definición que otorga Emanuele Fantini, politólogo de la Universidad de Torino, es un poco más clara, al definir que es “la política hecha con el agua, mediante la cual los gobiernos nacionales buscan afirmar su hegemonía dentro de una región”.

 

Siguiendo esta lógica, podemos denotar la importancia de este recurso, especialmente en las diagonales áridas de América, como algunas partes del Gran Chaco (por su escasez y el peligro que representa la falta de la misma para la vida) y en las regiones con mayores yacimientos acuíferos del mundo, como el Amazonas (y la importancia geoestratégica que representa para el futuro, debido a la futura escasez que se prevé en los próximos 50 años).

 

Si bien, dentro de los últimos años se ha hablado sobre la privatización del agua en el mundo, siendo un recurso estratégico hasta ahora irremplazable, como nueva fuente de negocios, junto con empresas como Bechtel, Suez, Vivendi, Thames Water, entre otras (incluidas las controversias que las acompañan); también se ha hablado de la diversificación del agua para generar energía, como respuesta a un modelo energético actual insostenible a mediano plazo. Sin embargo, existe un punto geopolítico detrás de esto: la obtención o retención de los mayores mantos acuíferos en el mundo, para poder, como dice Fantini, reafirmar la hegemonía de los Estados, que controlen esas grandes cantidades de agua, dentro de su región.

 

 

América Latina y el Agua

Para mantener un nivel de producción adecuado al de consumo de la sociedad actual, los Estados deben de acaparar todos los recursos posibles para asegurar un futuro próspero para ellos; es el caso de Estados Unidos, el cual, a través del establecimiento de bases militares alrededor del mundo, especialmente en América Latina, ha asegurado su influencia dentro de los recursos estratégicos con la aplicación del llamado Nuevo Mapa del Pentágono, con lo cual el gobierno estadounidense pretende conseguir una territorialidad estratégica respecto a los recursos naturales en el mundo, alegando la protección a la seguridad nacional e internacional, la lucha contra el terrorismo y las guerras preventivas, para tener presencia en lo que representarán, en un futuro, los recursos codiciados por toda la comunidad internacional.

 

Sin duda, las grandes fuentes fluviales existentes en el mundo, especialmente el Amazonas, pulmón del mundo, han llamado el interés de EE. UU., es por ello que, con el Nuevo Mapa del Pentágono, ha ideado estrategias para mantener bases militares en las zonas donde se encuentran la mayor concentración acuífera del mundo, especialmente en América del Sur, como lo afirmó la investigadora y profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México, Ana Esther Ceceña, respecto a las relaciones entre Estados en dicha zona, a los intereses que existían desde la puesta en marcha de la propuesta del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y a la obtención de recursos naturales valiosos: «La Triple Frontera funciona como llave de acceso político y militar a la región amazónica; es una frontera que comunica a dos de los países más importantes de América del Sur y está en un lugar rico en biodiversidad (…) y con mucha agua que puede ser una buena fuente de energía eléctrica».

 

Mientras existen alegatos en algunos sectores del Gobierno estadounidense para que el Amazonas sea declarado como aguas internaciones, mientras que en Brasil presentan al Amazonas como Patrimonio de la Humanidad, por lo cual no puede llegar a ser aguas internacionales; el interés estadounidense sobre el mayor manto acuífero del mundo prevalece, y prevalecerá, ya que ese manto ganará cada día más valor.

 

 

Es decir, todo esto nos lleva a una conclusión: a través de la historia se han llevado a cabo diversas guerras y conflictos armados en diferentes partes del mundo, así como también los motivos y medios de dichos acontecimientos han sido diversos, como los que van desde expansión territorial, protección de un territorio, disputas diplomáticas, espionaje y contra espionaje, conflictos deportivos, lucha contra el terrorismo, entre otros. Sin embargo, y a pesar de vivir en la era de la tecnología, donde las amenazas cibernéticas hacia gobiernos y empresas representan una de los mayores problemas a contrarrestar y por la cual ya han surgido fricciones entre diversos Estados. Se vislumbra un nuevo escenario que, si bien sus consecuencias aún no repercuten gravemente, o así pretende parecer, en el actuar internacional ni en las respectivas relaciones entre Estados, lo harán próximamente, esta vez por el agua, las Guerras por el Agua.