Samuráis: en el alma de Japón

Por Linkia Alanís

Japón tiene una de las culturas más antiguas del mundo. Pensar en este país es hacerlo en su tradición y en las disciplinas más fascinantes, entre las cuales destaca la vida de los samurái.

 

En el siglo X, los samuráis formaban una clase social bastante bien definida, caracterizada por la actividad guerrera, la propiedad de tierras y la herencia de su modo de vida. Irrumpen con fuerza en la política japonesa en 1156 tras la muerte del emperador Toba, cuando se desató la guerra Hogen, y cuatro años después, cuando se produjo otro conflicto por el control del trono imperial conocido como la rebelión Heiji.

 

Los samuráis debían cumplir el código del bushido (el camino del guerrero) que hacía énfasis en la autodisciplina, lealtad al maestro, respeto hacia uno mismo y un comportamiento ético. El bushido está relacionado con el budismo zen, confucianismo y sintoísmo; consta de siete reglas:

  • 義Gi- Integridad (decisiones correctas)

  • 勇Yu- Coraje

  • 仁Jin- Compasión

  • 礼 Rei- Respeto

  • 誠 Makoto- Honestidad (sinceridad absoluta)

  • 名譽 Meiyo-Honor

  • 忠-Chu-lealtad

Estos guerreros estaban preparados para luchar hasta la muerte por el emperador, por señor o por aquella persona que se había ganado su lealtad eterna. Creían en la verdad y el honor, pues cuando un samurái se quedaba sin shogun, se convertía en un ronin, un descarriado. La justicia también es fundamental en su código, por lo que las acciones injustas eran consideradas denigrantes; mientras que el amor y la benevolencia eran actos dignos de un príncipe, considerados como virtudes supremas; el honor y la sinceridad se valoran tanto como la vida.

 

 

 

Vestimenta de samurái (Anónimo).

Fuente: https://budobuta.files.wordpress.com/2013/02/54.png   

 

 

Los samurái se preparaban para la batalla de diferentes modos: utilizaban la meditación para controlar sus emociones, no temían a la muerte. Antes de cada batalla, ejecutaban movimientos y sonidos para intimidar al enemigo. Eran grandes jinetes, hábiles con el arco y la espada.

 

Las armas y armaduras que utilizaban eran símbolo de distinción, la manifestación de ser samurái. El sable que utilizaban era considerado su alma. Su producción se basaba en funcionalidad y belleza, le rendían respeto y se les considera como su posesión más valiosa. Los samuráis llevaban ceñidas a la cintura dos de estas armas para el combate: una larga llamada katana y una más corta llamada wakisashi. Nunca se separaban de su espada, y si debían hacerlo, sólo se separaban de la katana, llevando consigo la wakisashi.

 

Su vestuario estaba compuesto por el hakama, un traje de mangas largas atado a la cintura por un obi gime (cinturón), del cual colgaban las espadas reglamentarias. Vestirse para las batallas tomaba mucho tiempo: primero se colocaba la ropa interior, muy delgada y de seda; después prendas de algodón, calcetines de cuero, pantalones de tela, protectores de entrepierna con armadura, el peto con un faldón, seguido por un obi donde se llevan las espadas, se colocaban las hombreras y se protegía con un collar de hierro. Los samuráis de alto rango usaban también un ornamento en la cabeza.

 

La búsqueda por mantener el honor a veces tenía consecuencias fatales, como en la forma del sepukku, un suicidio ritual para limpiar el honor por un error grave o acto injusto. Cuando era voluntario, ocurría en la casa del samurái; donde se bañaba para purificarse, ayunaba, se vestía de blanco, se sentaba en posición seiza, realizaba sus plegarias, escribía un poema de despedida, descubría su cuerpo hasta el abdomen, tomaba el wakisashi y realizaba un corte de izquierda a derecha. Cuando el Shogun lo dictaba, se le daba un plazo definido para realizarlo; si no podía hacerlo por sí mismo, lo decapitaban como símbolo de humillación.

 

Ciertos aspectos del código samurái permanecen en la vida cotidiana japonesa: en el Imperio del Sol Naciente el honor es esencial para la vida.