¿Dónde he visto esto antes?

Por Juan Diego Vega

Las desapariciones forzadas no son temas nuevos; en el contexto de la Guerra Fría se llevaron a cabo por las dictaduras militares en Latinoamérica, desapareciendo incluso a líderes que luchaban en pro de los Derechos Humanos. ¿Déjà vu?

 

El contexto de la Guerra Fría se caracterizó por la contienda ideológica entre dos potencias: Estados Unidos y la ahora extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que buscaban la hegemonía mundial. La Guerra de Vietnam y la Guerra de las Coreas, son íconos de esta contienda. Sin embargo, en América Latina se vivía de una modo diferente la lucha entre capitalismo y socialismo durante este periodo, lucha principalmente desencadenadas gracias de la Revolución Cubana.  Desapariciones

El contexto de América Latina durante las décadas de los 70 hasta los 90 se puede caracterizar por las dictaduras militares, el desarrollo económico, la dependencia política y económica –principalmente hacia Estados Unidos–; y un tema que ha existido desde la época de la Guerra Fría y de la cual aún somos testigos: las violaciones a los Derechos Humanos, refiriéndonos con exactitud a las desapariciones forzadas.

 

Uno de los más importantes tratados internacionales en materia de derechos humanos, la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas, adoptada en Belém do Pará, Brasil el 9 de junio de 1994, en el vigésimo cuarto período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la OEA, estipula a las desapariciones forzadas, en su artículo segundo, como:

 

“la privación de la libertad a una o más personas, cualquiera que fuere su forma, cometida por agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúen con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona, con lo cual se impide el ejercicio de los recursos legales y de las garantías procesales pertinentes“

 

 

Queda claro, entonces, que, con esta Convención, se ha entablado en Latinoamérica una lucha para encontrar a los familiares que han desaparecido durante las últimas décadas, así como para prevenir las desapariciones forzadas, ya que, tal como afirma el artículo citado, dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero debe ser causada de forma directa o indirecta por el Estado.

 

A pesar de que la Guerra Fría terminó hace ya más de 20 años, las desapariciones forzadas en América Latina continúan siendo una constante. Según datos de Amnistía Internacional, en Colombia, por ejemplo, existen 12 mil desaparecidos, mientras que en México y Perú se cuentan más de 21 mil y 15 mil personas desaparecidas, respectivamente.

 

Todas estas personas desaparecidas no pueden ser definidas como desapariciones forzadas, aunque no se excluye la posible participación del Estado dentro de éstas en casos como México, Colombia y Guatemala, donde la corrupción e impunidad dentro de cada uno de estos Estados es presente en los órganos del gobierno.

 

En la segunda mitad del Siglo XX se presentaron casos icónicos que resuenan en la historia y en la memoria de la sociedad latinoamericana, casos puros de desapariciones forzadas.

 

 

Un caso es el de las Madres de la Plaza de Mayo, asociación argentina que nace en respuesta a los desaparecidos en Buenos Aires, el 30 de abril de 1977, que exigió al gobierno argentino, frente a la Casa Rosada, la aparición de los desaparecidos durante el período militar de gobierno del entonces presidente,  General Jorge Rafael Videla.

 

Durante el golpe militar argentino, se “contaron” 30 mil desapariciones y el mejor ejemplo respecto a desapariciones forzadas sufridas por esta organización fue el secuestro y muerte de la primera presidenta y fundadora de las Madres de la Plaza de Mayo, Azucena Villaflor de Vicenti, en diciembre de 1977.

 

En la actualidad, las Madres de la Plaza de Mayo han fundado una escuela, donde se dan licenciaturas sobre Derechos Humanos, y además, este movimiento ya ha alcanzado el reconocimiento ante la UNESCO. Por esta razón es considerado un ícono de la defensa de los derechos humanos y de la prevención contra las desapariciones forzadas en el sur de América.

 

Si bien han existido organizaciones que han luchado por la defensa de los Derechos Humanos, también han existido personas acusadas de perpetrar desapariciones y violar los Derechos Humanos, como el General que ha sido cuestionado desde el momento que llegó al poder en la República de Chile, por las acciones que se llevaron a cabo, época conocida como “la dictadura de Pinochet”. En 2009 fueron juzgados y declarados culpables 120 ciudadanos que participaron como agentes de represión en Chile, incluyendo los de la ya desaparecida Dirección de Inteligencia Nacional.

 

Durante el golpe militar en Chile, se llevaron a cabo diversas operaciones, como la “Operación Cóndor”, que como principal objetivo tuvo eliminar, erradicar y desaparecer a la oposición de la dictadura, cuya principal acción fue la muerte del entonces presidente Allende, que fue asesinado por las fuerzas militares que tomaron el poder en el gobierno. Otra operación también conocida fue  la “Operación Colombo”, donde fueron desaparecidos integrantes del Movimiento Izquierda Revolucionaria.

 

Pero ni Chile ni Argentina son los únicos Estados que se han visto envueltos en la mira de la sociedad internacional a causa este tema; Estados como Guatemala, Bolivia, Colombia, Honduras, Nicaragua, Panamá, Brasil y México, ha sido criticado por el poco o nulo respeto a los Derechos Humanos de sus habitantes.

 

Pasan los años y este tema se ve lejos de terminar, debido de a la corrupción o impunidad que protege a los perpetradores de estas acciones.