Cómo iniciar una revolución con pelo alto, latas de spray y mucho peso

Por Andrés Sánchez

 

Grande y rechoncha, de sonrisa colosal y deslumbrante, uniforme escolar con calcetas blancas y curiosos zapatos y, sí, cómo dejar pasar por menos ese voluminoso peinado que apenas si se acerca al tamaño de la valentía y sed de igualdad de quien lo porta. Ella es una adolescente revolucionaria y quizá aún no lo sabe.

 

Esperada y oportuna es la tercera llamada al tiempo que comienza el viaje artístico hasta la década de los 60, con tan sólo dos años avanzados que se han significado la débil apertura de mentes y la ruptura de esquemas sociales en la pequeña comunidad de Baltimore, pero también de algunas otras alrededor del mundo. El escenario es tan preciso que hasta los que nacieron tres décadas después se sienten familiarizados. Es ahí donde Tracy Turnblad es capaz de mostrar el poder de la convicción y la lucha por la igualdad, sin distinción de ningún tipo.

 

Osada e inaudita resulta la manera en que al ritmo de los años 60 se pueden contar historias de niñas que ya no lo son tanto y gritan desesperadas “mira, mami, ¡ya crecí!”, implorando dejar el nido y demostrar cómo alcanzan el éxito sin las ataduras de las inseguridades parentales; también, historias del primer amor y de las campanas que se escuchan al verle a los ojos y, por qué no, tocar sus labios; algunas otras de júbilo hacen imposible no mover los pies; pero también están las de liberación, las de reclamo, las ávidas de cambiar una realidad que oprime y separa.

 

Valiente, reflexiva y sin ataduras, así tiene que ser Tracy para no dejar que la situación de su época y su comunidad se perpetúe; ¿por qué aceptar que blancos y negros no puedan actuar juntos, que no puedan bailar y disfrutar de los mismos derechos?, ¿por qué sólo las flacas y rubias pueden ser Miss Hairspray y no cualquiera con talento, carisma y belleza? Sin duda es un ejemplo del cómo para defender los derechos de los negros no es necesario ser negro; la empatía es universal, así como la lucha debería serlo.

 

Atemporal es este musical, porque con todo y la indumentaria de época son claros la discriminación y el miedo al progreso presentes, desafortunadamente, en cada año y sociedad; quizá cambien o sean más las víctimas, diferentes los miedos y las causas, pero no cabe duda de que aquellos que alzan su voz en contra y que son encarcelados, sin ser muy apoyados finalmente triunfan, y no por ellos, sino por todos. Por eso se vale romper las reglas, irrumpir a mitad de un programa y hacer de esos que parecen sólo sueños una realidad, porque negarse a aceptar la diversidad es un muro, detrás del cual pueden estar los mejores pasos de baile, una comunidad o el amor de tu vida.

 

Naturalmente valiosa y bien realizada es la labor lograda por el equipo de ExpresArce Teatro, una compañía que puso todo de sí y representó dignamente una historia ubicada y recordada por la película de 1988, dirigida por John Waters o su versión más reciente, del 2007, en que John Travolta y Zac Efron roban cámara. Voces potentes y bien afinadas, una escenografía dinámica y en sintonía con el ritmo de la música que caracteriza a esta puesta en escena. La energía y el talento son los recursos inagotables del cuerpo actoral.

 

No importa que esta temporada haya finalizado, pues lo hizo llena de éxito y muchos aplausos meritorios de una recomendación para seguir muy de cerca el trabajo de esa compañía, de los

talentos que de ella salen y de las siguientes representaciones disponibles para ser vistas. Te quiero hasta la luna, dirigida por Anahí Allué, es la opción para este mes, presentada en el Foro

Lucerna, 6, 13 y 20 de julio a las 8:45pm.

 

Y que esto sirva para exaltar el valor del teatro como manera de transmitir la realidad a través de un mensaje que, aunque cómico y emocional, obliga a reflexionar y creer en un mundo distinto. Que el spray no aplaque la valentía, que sí haga los ideales tan grandes como los peinados y sirva para prenderle fuego a las rejas y derrumbar barreras, pues como reza la última canción en Hairspray, “No puedes pararlo”.