El cómic, una realidad híbrida

Por Víctor Ortiz

“…if this is not literature, then nothing is.”

Peter Straub

 

Con más de cien años de presencia en el mundo y con un estatus de producto cultural y fenómeno social, el cómic es considerado por muchos como una manifestación artística secuencial que combina con excelsa supremacía el lenguaje gráfico y el lenguaje cultural, creando un estilo casi cinematográfico en donde los acontecimientos de una historia se descomponen en varías viñetas, logrando un dinamismo animacional y literario.

 

La conjunción entre el texto y la imagen es una relación expresiva vinculada a la unión de dos sistemas de signos con valor propio y una función definida, creando de esta manera un lenguaje gráfico-textual,[1] que une lo mejor de dos mundos y plasma una conjunción de verdad y fantasía, de letras e imágenes, que logran crear una nueva realidad.

 

A pesar de todas las ventajas y posibilidades artísticas del cómic, su aceptación como parte de la literatura no ha sido fácil; su lucha ha sido ardua y constante, desde los pequeños espacios en los periódicos dominicales hasta la creación de la primera novela gráfica y, con ella, su aceptación en la literatura. El cómic ha evolucionado y cambiado a través del tiempo, transformándose y adaptándose a diversos ambientes, culturas y lenguajes, se fortalece y madura con cada generación al punto de poder enfrentar y romper los prejuicios y críticas creados en su contra, haciéndose valer siempre como un género independiente que tiene la energía necesaria para reconstruir las antiguas percepciones y formular nuevas.

 

 Fuente: http://comicsbulletin.com/wp-content/uploads/2010/04/n2821.jpeg

 

A pesar de un siglo de lucha incesante, no es hasta 1986 con la creación del cómic Watchmen, luego reconocido como la primera novela gráfica, que comienza a observarse al cómic como una forma de arte literario. En el año 2005 la revista Time colocó a Watchmen en su selección de las mejores novelas en inglés escritas entre 1923 al 2005, lo que logró que éste cómic fuera alabado por la crítica y que se considerara parte importante de la historia de este género, dado que logró lo que hasta el momento nadie había alcanzado: que el cómic fuera reconocido como un arte, tanto iconográfico como literario, por derecho propio.

 

Esa fue la primera batalla ganada por este género ante una guerra ardua que continua enfrentando contra el duro canon de la literatura y sus críticos. Sin embargo, esta victoria ayudó a que finalmente la yuxtaposición y correspondencia entre el texto y la imagen se comenzaran a estudiar desde un aspecto y perspectiva literaria, así como sus unidades de significado.

 

La forma única de encadenar acciones creando una sucesión de eventos, no siempre de forma lineal y cronológica, hace del cómic un estilo único en donde las correspondencias gráficas con las narrativas crean una síntesis expresiva que les da un alcance mayor que, al margen de la literatura, tiene un valor propio, el cual irremisiblemente está vinculado a su naturaleza de híbrido. La perfecta mezcla de un estilo narrativo y gráfico no sólo es lo que crea la grandeza del cómic, sino es también aquello que intriga y hace dudar a los críticos de su naturaleza artística y literaria.

 

 Fuente: http://www.oscargradylibrary.org/wp-content/uploads/2013/08/graphic-novels.png

 

Pero ¿por qué dudar del cómic como un género artístico y literario? Fácil, los críticos ponen en tela de juicio su aspecto formal y seriedad, y cómo no entenderlos si muchos de los especialistas y partidarios de este género señalan que la “fuerza estética e ideológica (del cómic) radica en su desprecio irreverente por la academia, las bellas artes y la ‘alta literatura’.” [2]

 

Sin embargo, ¿el verdadero arte no es aquél que se distingue por romper los juicios y nociones establecidos con el fin de crear un replanteamiento crítico que origine valoraciones fluctuantes en los espectadores? Si éste es el caso, entonces el cómic es el producto cultural y fenómeno social que más se acerca a ser considerado una manifestación artística que, a pesar de gozar de un estatus de producto cultural, debe ser considerado y visto como un arte de excelsa calidad gráfica y literaria, en donde varios de sus protagonistas ya forman parte del acervo cultural y resultan tan conocidos como algunos personajes literarios.

 

[1] Ernesto Francisco Priego Ramírez. Watching the Watchmen: El cómic como narrativa grafica. UNAM, 2000.

 

[2] Priego Ramírez, op. cit., p. 11.