Caminar por el Centro de la Ciudad

Por Erendira Navarrete

 

 

El Centro Histórico es quizá el acervo más contundente de nuestro patrimonio: en sus calles aún se siente la atmósfera de tiempos pasados. Es un deleite, pues los ojos no se detienen con tanto por mirar; acudimos al encuentro de la historia, la reunión de la arquitectura en un diálogo articulado por la diversidad. El actor principal es nosotros mismo, los peatones que andamos entre nombres de viejas batallas, personajes históricos, conventos y leyendas.

 

Caminar por el Centro es más que un acto cotidiano, por ello las primeras calles que se intervinieron para hacerse peatonales conformaban un eje articulador de importancia histórica, pues no sólo se trata de embellecer la ciudad, sino que fue también una lucha por recuperar la identidad del individuo con su ciudad. A la par de la total o parcial eliminación del tránsito vial se ha intervenido edificios históricos que se encontraban en deterioro.

 

¿Por qué hablo de “recuperar”? En el siglo XIX se tenía la costumbre de salir a pasear, práctica de las clases altas mexicanas, que, con la llegada de la modernidad, se perdió; entrado el siglo XX, el oficio más viejo del mundo sustituyó el ensueño burgués de salir a la calle a mostrarse en sociedad. Le Corbusier decía que la arquitectura se aprecia en movimiento, pero, desde que llegó la Era de la Máquina, el automóvil y la publicidad, la ciudad se ha vuelto no más que una secuencia de imágenes que no logramos identificar; nuestra identidad se ha convertido en esa masa informe de impulsos visuales indescifrables.

 

 

Es este el sentido principal de volver a una calle peatonal, de dotarla de vida otra vez, de hacer una pequeña intervención en la temporalidad de su recorrido para poder apreciar de nuevo lo que hay más allá de nuestro nivel de vista, además, claro, de la función reductora de tránsito vial, ruido y estrés. La pregunta siguiente es si este objetivo se ha logrado.

 

“Todas las propuestas de intervención urbana responden a un proyecto político, a unos valores culturales, a unos objetivos de gestión y cambio social que deben explicitarse y se debe así mismo asumir el grado de conflictividad que estos conllevan”.1

 

Con la cita anterior pretendo sostener la idea de que no existe intervención perfecta: la ciudad no se hace sola, sino que la hacemos nosotros, los mexicanos que la pisamos y gastamos su adoquín día con día; la conforman nuestras prácticas culturales, sociales e idiosincrasia. Todas las ciudades han sido edificadas sobre mitos y sucesos que definen a sus habitantes, ¿cuáles son los nuestros? ¿Cómo nos define nuestra ciudad?

 

Ya no sólo andamos entre historias del pasado. En realidad, poco sabemos de la imagen original de muchos de los ejemplos de arquitectura, v. g., la antigua Joyería la Esmeralda que ahora alberga un Mixup en su planta baja y al Museo del Estanquillo en el resto del edificio, la casa Boker se convirtió en un Sanborns. Sobre Gante hay una vasta oferta gastronómica, sobre Madero las franquicias se abren paso compitiendo con la Avenida Presidente Masaryk, Regina es un corredor donde bares y restaurantes dotan de una vibrante vida nocturna. La globalización es también parte de nuestra identidad cultural.

 

“El acto de andar, si bien no constituye una construcción física de un espacio, implica una transformación del lugar y de sus significados. Sólo la presencia física del hombre en un espacio no cartografiado, así como la variación de las percepciones que recibe del mismo cuando lo atraviesa, constituyen ya formas de transformación del paisaje que, aunque no dejan señales tangibles, modifican culturalmente el significado del espacio y, en consecuencia, el espacio en sí mismo.”2

 

El ser humano destruye y construye, cambia su entorno, modifica en un ansia de renuevo, y la ciudad camina con él. Si nuestra ciudad está de cabeza, es gracias a nosotros como colectividad; por suerte también hay acciones en pro de la mejora de esta megalópolis: la peatonalización de las calles es una opción, pero no debemos dejarle todo a una sola iniciativa. La búsqueda de soluciones es lo que permitirá mejorar nuestra calidad de vida. Nosotros conocemos mejor que nadie nuestra ciudad, convivimos con ella desde que nacimos, ¿le hemos estado prestando atención? ¿Y tú qué piensas que le hace falta a la ciudad? ¿O qué le sobra?

 

1. Jordi Borja en Ciudad y planificación, la urbanística para las ciudades de américa Latina.

2. Francesco Careri en Walkscapes, El andar como práctica estética.