Canon literario: distinción y grandeza

Por Víctor Ortiz

La Real Academia de la Lengua señala que la Literatura es: “Un arte que emplea como medio de expresión una lengua,” que tiene como materia prima el lenguaje, es decir, la palabra; el escritor puede elaborar en papel las formas verbales usuales en la interacción cotidiana y crear una síntesis expresiva que les dé un alcance mucho mayor, pero en el fondo sigue irremisiblemente vinculado a todo un sistema de signos que al margen de la literatura, tienen un valor propio y una funcionalidad bien definida y que no va más allá que comunicar. Sólo una reducida minoría de personas llega a dominar, tras un aprendizaje técnico y en muy raras ocasiones una habilidad innata, el lenguaje pictórico o musical, pero todo el mundo posee el habla, puede valerse de la palabra para expresar con mayor o menor perfección lo que desea y transmitirlo al mundo.

 

Esta identidad con el vehículo expresivo normal de comunicación, implica grandezas y nimiedades dentro de la literatura; muchos fragmentos de novelas, obras teatrales e incluso poemas, podrían ser confundidos fácilmente con retazos de una conversación carentes de toda voluntad literaria. En resumidas cuentas, el material empleado por el escritor es el mismo que se usa cotidianamente en los actos más triviales.

 

De ahí que exista un criterio para la selección de lo que se considera “literatura” y aquello que no lo es; sin embargo, el injusto exclusivismo canónico universal de la literatura cierra las puertas a diversas manifestaciones artísticas literarias que no solo cuentan con la fidelidad de un público abrumadoramente mayoritario, sino con los valores y características propios de la verdadera literatura, un claro ejemplo de esto lo podemos ver reflejado en los cómics o novelas gráficas.

 

 

El nacimiento de estas limitaciones literarias comenzó  en el siglo II a. J.C. cuando Aristófanes de Bizancio y Aristarco establecieron en Alejandría una  lista exclusiva de escritos griegos considerados como modelos en sus respectivos géneros que recibió el nombre de Canon de Alejandría.

 

Con el nacimiento de esta lista, la literatura cambió de algo universal a un monopolio  literario de una minúscula elite oligárquica la cual se encargaba de establecer el nuevo criterio literario. Esta división fue creada con base en juicios y nociones todas obligadamente relativas y sujetas a un incesante replanteamiento crítico que originó valoraciones fluctuantes. Sin embargo, la selección de los cánones a lo largo del tiempo no ha sido del todo errada.


Es indudable que dentro del canon existen escritores excelsos que han superado las barreras históricas y temporales mediante sus escritos, creando una especie de panteón de la historia literaria, un corpus comúnmente admitido por la mayoría de las personas que se dedican al estudio de esta materia, y que agrupa bajo el equívoco término de “clásicos” a escritores de todas las épocas.

 

 

Todos estamos de acuerdo en que hay una “buena literatura”, con valor estético y académico que se rige bajo la existencia de ciertos arquetipos universalmente admitidos  y que mantienen el estándar de lo que esta modélicamente “bien escrito”, de lo que contienen síntesis humanas de eterna validez, de lo que es más hondamente expresivo o sugerente, de lo que da un testimonio más fiel de una situación histórica, entre otras características, todas estas sujetas a un carácter “subjetivo y relativo.” Sin embargo, el problema de la selección literaria reside en la definición de lo que es “mala literatura”,  la disparidad de opiniones entre “un público mayoritario” y las “elites”. No siempre las preferencias de la gran masa de consumidores han sido para la mala literatura, sino que en determinadas ocasiones el escritor ha encontrado una plataforma adecuada que hiciera no sólo asequible su obra a muchos sino que la potencializaran (Shakespeare y Dickens pueden ser algunos ejemplos de esto).

 

Esta división (entre buena y mala literatura), obviamente, dista mucho de ser precisa en su selección ya que no hay que olvidar que, en todas las épocas, los géneros más denigrados han contado con grandes representantes y grandes representaciones que han marcado épocas y generaciones.

 

El comenzar este artículo con una definición de algo tan polisemántico es solamente para presentarlo en su máxima universalidad, de demostrar que el concepto de literatura es algo tan flexible y abstracto y a su vez tan estricto y exacto, que no es fácil adentrarse a él, dar una definición o tratar de encerrar mediante esta palabra lo que es considerado como un arte creado por palabras es una labor con matices grisáceos difícil de lograr. Es ahí donde reside la tarea de expertos de crear un listado que muestre aquello que será considerado relevante no sólo por su modalidad estética y formativa sino por su manera de penetrar y contribuir en el crecimiento de nuevas generaciones, de contribuir a la formación de nuevos conceptos y visiones, pero lo más importante de marcar las vidas de los seres humanos que ponen a prueba su existencia en ese listado tan breve y exclusivo, conocido como canon.