Redes sociales: perdiendo la identidad

Queremos expresar nuestro más sentido pésame a todas las personas que a causa de las redes sociales han perdido su identidad; así es, su identidad. Esta palabra que nos permite tener raíces familiares, culturales, sociales y hasta políticas. Es la palabra mágica para determinarnos de una u otra forma frente a la sociedad que cada vez es más exigente respecto a los estándares que debemos seguir día con día.

 

Las redes sociales (principalmente Facebook, Twitter e Instagram) nos han permitido conectarnos con casi todo el mundo, con personas que conocemos en vivo y a todo color –pero que a la larga las desconocemos a causa de este mal de la era virtual− y otras que no tenemos la certeza si es verdad o no la información “personal” que nos comparten a través de estados, imágenes, videos, entre otros recursos multimedia. Tratamos de ser alguien frente a otros que siguen en la misma lucha.

 

 

Las personas que se mantienen día con día sumergidas en las redes de la vida virtual, son las que comienzan poco a poco a caer en la pérdida de identidad. El que una persona comparta su vida con miles o millones de individuos la hace ir transformando su persona o su identidad, pero ¿por qué ocurre esto? Simplemente por la necesidad de encajar en uno u otro grupo (virtual), ya sea un colectivo de autos, de moda, de política o sencillamente ser multifacético y formar parte de todos estos grupos que bien su moneda de cambio es la “fama” y el “prestigio”.

 

La moneda de cambio como bien mencionamos hace un momento, es la que hace que el mercado de identidades funcione, si hay oferta, hay demanda. Cada uno ofrece a los demás un carácter, un físico, una mentalidad, una ideología y una creencia particular; en esa particularización, se comienza a abandonar la identidad real. Se comienza a permear de etiquetas y de estereotipos que le permitan identificarse con los demás y tener acceso a una red que está en la búsqueda de gloria y reconocimiento por lo que es en dichas plataformas.

 

Las personas que mantienen su identidad tal cual es en la realidad, suelen hacer crítica a estas personas que compran y venden identidades. Algunas personas pasan a ser automáticamente artistas, empresarios, celebridades y hasta millonarios, simpre mostrando lo mejor de sí, las virtudes, los talentos y la fortuna (poca o mucha) que tienen. Eso sí, se debe reconocer que sí hay personas tal cual, pero se pueden manejar en las redes sociales de forma distinta, sin tanta presunción, sin tanta algarabía, sencillamente su fama o su identidad la comparten con los demás, sin embargo puede ser de manera limitada.

 

El acceso a las redes sociales no ha abierto un mundo de posibilidades, donde la bruja se convierte en princesa, el vagabundo en príncipe, el rey en mendigo y el anónimo en una celebridad. El mundo que se nos ha permitido conocer sigue siendo desconocido, ya que las personas que lo conforman suelen mentir u ocultar su vida real, su identidad real; en un click compran o de hacen de una que es ajena a la realidad. Entre palabras e imágenes, construimos redes sociales que nos exigen cada vez más de nosotros mismos, siendo este un círculo vicioso por la simple razón de que todos formamos parte del vicio del plagio, robo o del imaginario de identidades.

 

Aquel que sale librado de este mercado, es el que pasa desapercibido sin pena ni  gloria, aquel que no mintió sobre lo que es y el que es sin problema alguno abierto respecto a su persona y su entorno. Eso sí, estos individuos son los más criticados en las redes por carecer de lo que los demás tienen, ya sea un cargo, dinero, fama o reconocimiento publico. Cada quien va construyendo su red de verdades o mentiras.

 

Cada quien busca y encuentra lo que quiere, si cada uno contribuyeramos a la disolución de estos espejos, bien podríamos cambiar la estructura de banalidades que nos rodea día con día al hacer click en el monitor que bien alumbra y deslumbra lo que somos.