2016: El año del populismo y sorpesas electorales

Por Jordan Castro

El 2016 fue un año que nos sorprendió a todos, nos llenó de sonrisas dentro del internet, nos dio alegrías como el Premio Nobel de Literatura (aunque polémico) para el cantautor Bob Dylan, también nos llenó de incertidumbre, sobre todo en el terreno político internacional, ante el auge de una ola de populismos xenófobos que incrementan día con día, no sólo en Estados Unidos, sino en otras partes del mundo.

 

Si alguien ganó este 2016, fue la xenofobia y el conservadurismo más reaccionario, mientras que perdió la democracia, esa misma que le ha costado mucho al mundo, pero que ha dejado mucho que desear ante los problemas de desigualdad social y económica.

 

Este año se pone en duda mucho de lo se decía en las universidades, en los cafés, o cualquier lugar de opinión: que este tiempo era el fin de la historia. Como lo dijo -en un muy bien escrito- ensayo, Francis Fukuyama, el fin de la historia consistía en el triunfo liberal de la democracia y la economía, y en el derrumbe de las ideologías ante la caída del muro de Berlín, pero este 2016 nos enseñó que existe aún cierta ideología en las protestas y campañas que se desarrollaron a lo largo del año. Gracias a las crisis políticas y de desigualdades que el centrismo más moderado no pudo resolver, mientras tanto los polos de la geografía política se radicalizan en discursos.

 

Dentro del sector progresista, aparecieron personajes interesantes como Jeremy Corbyn, presidente del Partido Laborista del Reino Unido, y Bernie Sanders, senador por Vermont y candidato a la Presidencia de los EEUU, por el Partido Demócrata. Ambos socialistas democráticos, inspiradores en sus historias personales, críticos del sistema económico actual: considerándolo como el culpable de la desigualdad social junto con el seguimiento por los más jóvenes. Ya no era necesariamente la tercera vía el modelo seguir en estos partidos.  

 

Se veía con grandes expectativas a estos personajes y sus movimientos, pero curiosamente en estos mismos dos países, los triunfadores de las elecciones fueron la propuesta contraria a ellos. Había sido los populistas de derecha, políticos con un sentimiento xenófobo que habían conquistado los triunfos, uno con el Brexit y el otro conquistando la presidencia de Estados Unidos con el mismísimo Donald Trump, que tanto nos ha dejado de que hablar.

 

Donald Trump es el personaje más hablado y discutido del año, sin lugar a duda. No sólo regresó al Partido Republicano al poder, sino que le dio fuerza a un sector que se había sentido desplazado por el multiculturalismo. El proyecto que por años Obama construía de un Estados Unidos plural, incluyente y diverso, se veía destruido por un nacionalismo redneck. Cuando Trump en sus apasionados y mesiánicos discursos llamaba  ‘’a volver a América grande otra vez’’, en realidad se refería a ‘’volver a la América blanca otra vez’’. Ellos son nuestros vecinos desde el 20 de enero.

 

La tensión fue tanta para los Estados Unidos y la derrota tan dolorosa para los demócratas, que se empezó un rumor que después fue confirmado por las agencias gubernamentales, sobre un posible apoyo del gobierno ruso al candidato republicano. Si es verdad o no, Vladimir Putin es otro de los ganadores del 2016 y está creando aliados en Europa y en otras partes del mundo. Rusia no había sido tan fuerte desde que tenía una hoz y un martillo en su bandera.

 

Otro tópico discutido en este año, fueron las elecciones colombianas para un referéndum sobre un acuerdo entre las FARCs y el Gobierno de Colombia para la paz. Evento que dio que Juan Manuel Santos fuera galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, la sorpresa fue que gano la opción del NO, apoyada por el partido opositor Centro Democrático, que es la nueva cara de Álvaro Uribe.

 

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Todos estos ejemplos durante este año, fueron una gran lección para los demócratas. En no confiarnos, en seguir participando y hacer campaña callejera si es necesario, porque en otros países, los reaccionarios ganaron la calle, y por ende las elecciones. Este 2016, además de perder grandes músicos, como Prince y David Bowie, también perdió de cierta manera la democracia liberal.