La juventud hacia la participación

Por Rodrigo Salas

 

Con la llegada del año 2000, los expertos anunciaban la llegada de un bono demográfico sin precedentes, donde la pirámide poblacional reflejaría el crecimiento proporcional de la población juvenil entre 12 y 24 años. En pleno 2016, se percibe una falta de determinación y planeación continua que no supo aprovechar las ventajas de una explosión en la población productiva.

 

De la mano de las recurrentes crisis económicas, la pobreza, el crecimiento de la población marginal y las carencias en los servicios de seguridad social, la nueva generación de jóvenes llamados millenials se enfrentaron a una realidad paralizante, uniéndose así a los numerosos grupos considerados vulnerables.

 

Con el abandono de las políticas sociales en los ochenta, los recortes presupuestales, a consecuencia del sobreendeudamiento y las políticas monetarias restrictivas adoptadas en los países latinoamericanos bajo la presión del Fondo Monetario Internacional, redujo el desarrollo y creación de oportunidades para los mexicanos que se incorporaban a la población económicamente activa.

 

El aumento progresivo del desempleo se ha transformado en una de las secuelas mayores de la ausencia de políticas públicas encaminadas al aprovechamiento del bono poblacional, teniendo un fuerte impacto en las tendencias migratorias que se concentran en la frontera México-Estados Unidos, aumentando así continuamente el número de trayectos legales e ilegales en busca de estabilidad económica y laboral. La fuga de cerebros es un factor importante a considerar como resultado de la falta de fomento al crecimiento académico dentro del sector juvenil.

 

Otro de los grandes problemas derivados de la desatención gubernamental a la juventud es la educación. Para 2012, existía una tasa de analfabetismo del 3.6 por ciento entre la población de 12 a 29 años. El 36 por ciento de los jóvenes no rebasaban la educación primaria, y 35 millones de personas mayores de 15 años no habían completado la educación básica.

 

En el espectro político, el público juvenil tiende a permanecer invisible para las burocracias institucionales y partidistas que se niegan a elaborar una política social dirigida a él. En periodos electorales, los jóvenes se transforman en valioso capital político, para después volver a la posición marginal. Como respuesta a ello, un aspecto central que caracteriza a bastantes jóvenes contemporáneos es la nula credibilidad que poseen hacia las instituciones (iglesia, gobierno, partidos políticos, medios de comunicación, etcétera.), y figuras de autoridad. Esta tendencia ha llevado a definir de manera general a los jóvenes como apáticos a la esfera gubernamental, institucional o política y de toma de decisiones.

 

Una cantidad relevante de jóvenes en la Ciudad de México, por ejemplo, se encuentran desencantados y desilusionados con la política nacional. En una encuesta realizada por la Secretaría de Desarrollo Social del Distrito Federal, se revela que más de la mitad de los jóvenes no tienen preferencia hacia partidos políticos, y un 80 por ciento niega manifestar alguna tendencia política.

 Mancera es interrumpido por un joven que lo llama fascista.

 

Sin embargo, no podemos negar los importantes cambios en el panorama político y social que han tenido lugar en México en los últimos años, traduciéndose en la apertura gradual (aunque tal vez retrasada) del sistema de toma de decisiones, la aceptación de la pluralidad, los avances democráticos y el nacimiento de nuevas formas de acercarse e involucrarse con la esfera de lo político e institucional. Así, por ejemplo, hay un porcentaje importante de jóvenes que consideran que el voto aún no es respetado, pero conceden importancia a su ejercicio y lo fomentan, motivados por la posibilidad del cambio.

 

Es así que cada día, a pesar del desprestigio de la presencia estatal, de los marcos institucionales, así como su profunda corrupción y degradación, crece una actitud positiva hacia la participación ciudadana y los valores democráticos. El imaginario social del modelo y funcionamiento de la esfera política se presta a debate, y se comparten opiniones que van más allá de esa concepción tradicional.

 

Gracias a la aparición de nuevas formas de incidencia política por parte de la sociedad civil organizada, se busca dar visibilidad a grupos marginados, reivindicar luchas sociales ignoradas por legisladores y administradores, y conquistar espacios de expresión pública para mantener un contrapeso ante la insensatez e impunidad de la clase gobernante.

 

Será responsabilidad de la sociedad civil y de los jóvenes organizados exigir al Estado el cumplimiento de sus deberes y obligaciones, garantizando así el derecho de la juventud al acceso al mercado laboral, a la seguridad social, a una vida digna y principalmente a la educación, siendo la base del desarrollo social y cultural de los pueblos. Dentro de este proceso, deberá jugar un papel esencial la transparencia y el gobierno abierto, como nuevas tendencias globales en la construcción de esquemas de gobierno democráticos en conjunto con la sociedad, ayudando así a permitir la toma de decisiones de manera directa y la observancia del ejercicio presupuestal y del poder de la fuerza pública.

 

Todo esto se encuentra en primera plana el día de hoy, gracias al impulso de iniciativas de ley ciudadanas -como la ley 3de3- o la aparición de Organizaciones No Gubernamentales con un enfoque político-social. Dependerá de nosotros involucrarnos en la toma de decisiones, ser críticos frente a los avances y errores de la apertura social, e invitar a la juventud a tomar un papel activo en la lucha política del Siglo XXI.

 Peña es confrontado por jóvenes tras un acto proselitista en la Universidad Iberoamericana, 2012.

 

Leer más en:

Fernández, A. (1999). Elecciones, Jóvenes y Política. Convergencia. Revista de Ciencias Sociales.

Nateras, A. (2001). Foxilandia y los jóvenes invisibles. El cotidiano, 97-107.

Victoria, J., & Cordera, R. (2010). Políticas para los jóvenes. Economíaunam, 86-93.