La juventud que debería ser

Por Jordan Castro

‘’Ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica’’, afirmó Allende.

 

 

El joven lleno de sueños, ideales y metas es el que busca hacer de este país (y del mundo también) un lugar mejor. Sin embargo, nos vamos con la finta de que el joven es revolucionario simplemente por el hecho físico de ser joven y no profundizamos que existen varias juventudes dentro de una sola (que podría conformarse como la juventud mexicana).

 

Con sólo echar un vistazo a perfiles de jóvenes políticos de los distintos partidos de este país que buscan un ‘’cambio’’ mediante discursos y oratoria demasiado técnica, con trajes finos, exaltando a las instituciones, jugando el papel de revindicar a sus ideólogos, pero imitando las prácticas más inmorales de la cultura política mexicana, no cabe duda que también muchos jóvenes prefieren dejar de ser revolucionarios (aunque sea una contradicción) y ser parte del problema mas no de la solución. No creo que no existan jóvenes dentro de los partidos con buenas intenciones, pero buscar y crearse un perfil imitando a otros políticos deja mucho que desear. Como si la política para este tipo de jóvenes fuera sólo un club de fans de buscar el poder sólo por el poder.

 

 Mientras tanto, de los jóvenes que buscan hacer política en este país, sólo una minoría proviene de la lucha social. Se nos olvida que además de que la política está en las legislaturas, las elecciones, los municipios, la política también está en la calle. La lucha social es tan importante para crear conciencia de clase en México.  No puedo concebir una democracia sin las demandas que se exigen en la calle. El pueblo está en la calle y del pueblo debería ser la democracia, pero a la juventud políticamente activa interpreta estar en el Congreso de la Unión, en las oficinas burocráticas, o en cualquier institución de servicio público, como el altísimo valor que un político pudiera tener. Sin querer (o más bien queriendo imitar), muchos de estos jóvenes viven en una burbuja y piensan que el cambio sólo viene de las instituciones. Se les olvida que su derecho a la educación pública y gratuita, al seguro social, a una vivienda digna y el respeto a sus derechos humanos tuvieron que pasar por la calle y la lucha social para después estar en las instituciones. Ello es un sólo una actitud más de una juventud que cree ser revolucionaria pero en el fondo es reaccionaria.

 

 

La democracia aún es tema de nuestro tiempo y si los jóvenes queremos ser la vanguardia, tenemos que dejar de repetir patrones de una cultura de privilegios y empezar actuar bajo una cultura del esfuerzo. Tenemos que ser más autocríticos en este país porque gozamos de una enorme herencia cultural como los movimientos estudiantiles en pro de la autonomía universitaria.

 

Hay que dejar el traje. Hay que dejar de imitar a los dinosaurios de este país. Hay que ser jóvenes y nada más. Hay que soñar y vivir. Hay que estar en la calle porque el pueblo está en la calle y de ella es la democracia. Si logramos ser una sola juventud en beneficio de nuestra nación, estoy seguro (como lo dije en un corto video subido a la red), creo que México puede cambiar.