La serenidad de Manlio Fabio Beltrones lo convirtió en un mortal

Por Miguel Ángel Méndez

“¡Debemos serenar esos ánimos!”, fue la frase que ‘encendió la mecha’ el pasado domingo 5 de junio entre los presidentes de los partidos Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN), en uno de los debates más ásperos que haya visto la ciudadanía en los últimos años.

 

Esto luego de que en el ring de Televisa y con Joaquín ‘días contados’ Dóriga, las tres cuartas partes que encabezan la partidocracia mexicana se dieran la cara tras una de las jornadas electorales que dejaron ver que los pronósticos técnicos fueron diferentes a la realidad, en donde siempre ganaba el mismo partido.

 

Durante la transmisión, Manlio Fabio Beltrones comenzó ‘celebrando’ la gran fiesta democrática con serenidad, aunque bajo una expresión de tristeza y derrota; no obstante reconociendo que la ciudadanía había actuado en paz. Parecía no saber que la ‘Pax romana’ que habían disfrutado, por ejemplo, en cuatro estados de la República: Veracruz, Quintana Roo, Durango y Tamaulipas, comenzaba a tener los días contados.

 

 

El debate, principalmente, entre Ricardo Anaya y Manlio F. Beltrones no tuvo otro limite más que el tiempo de la televisora. Con una alegría que se podía apreciar, Anaya comenzó a presentar argumentos que pusieron en evidencia la mala preparación del político más respetado del PRI y evidenciaron su ‘mortalidad’; en otras palabras, el ‘Jefe’ Manlio dejaba de ser intocable.

 

 

Desde el pasado 5 de junio, hasta ahora, las voces priistas se han alzado con opiniones divididas en torno a una simple pregunta: ¿quién debe asumir la total responsabilidad de esta tragedia?

 

Políticos y analistas señalan que Manlio ‘pecó de ingenuo’ como presidente del PRI y que debe sacrificar una de dos opciones: la posible candidatura a la Presidencia de la Republica desde o sin el Comité Ejecutivo Nacional, o bien renunciar y asumir la responsabilidad como lo han hecho otros en el pasado.

 

Cabe señalar que históricamente el orgullo ha prevalecido en el PRI, y hasta la fecha han sido pocas la renuncia en los comités ejecutivos por derrotas, aunque jamás con una proporción tan baja de victorias, como este caso.

 

Desde la campaña, Manlio Fabio se encontró mal informado, esto pudo haber generado las promesas y campañas de desprestigio que, como ‘espada de doble filo’, terminaron perjudicándole durante el debate post electoral.

 

La realidad superó a la ficción, porque ni fueron 9 gubernaturas, ni los tres candidatos a alcaldías en Tamaulipas tenían nexos con el narcotráfico y ni Manlio Fabio resulto ser un gran estratega político.

 

No es el fin del PRI, ni el regreso del PAN, ni el ascenso de MORENA, es la realidad social la que esta comenzado a tener presencia en las decisiones políticas, y que finalmente se refleja en movimientos bruscos como los suscitados este 5 de junio.