Anarcohalcones

Por Jordan Castro

 

Si algo está en voz pública, en la opinión pública, de boca en boca: «¿Quiénes son los anarquistas que van y desmadran todo en las manifestaciones sociales?, ¿son grupos porriles?, ¿son en realidad, en su pensar, idealistas contra la opresión del Poder Estatal?, ¿son infiltrados del gobierno? ¿Peña Nieto les paga una lana?» Primero, esclarecer qué es el anarquismo, una ideología y movimiento que siguiere la supresión de los regímenes políticos convencionales y que ha sido muy poco comprendida y que, en un vocabulario no tan democrático, es sinónimo de caos y destrucción.

 

El anarquismo fue un movimiento social que, igual que el marxismo, buscaba una mejor condición para las clases sociales. En este caso, el Estado, la organización hobbesiana, era la causante de las indiferencias y las desigualdades. Este movimiento estaba dotado de un romanticismo, idealismo, y hasta cierto punto, de una mística revolucionaria muy interesantes.

Para ellos, el hombre nació libre, y por tanto, debiera serlo, debiera ser su propio amo. Una máxima es: «Ni Amo, Ni Esclavo», aunque otros le agregan «Ni Dios», ignorando que en el anarquismo existe una inspiración cristiana, del primitivismo del cristianismo. Un ejemplo: Leo Tolstói. Otra característica del anarquismo es el pacifismo que tenía en sus inicios. Bakunin afirmaba que «estar en contra del Estado, es estar en contra de la guerra».

 

Con el paso del tiempo, el anarquismo se convirtió en su vertiente insurrecionalista e ilegalista con los hermanos Bonnet; es decir, cometer crimen está bien, ya que ‘me rebelo contra el Estado’. Posiblemente por eso, muchos jóvenes punks van con su bomba molotov, y la tiran a la puerta de Palacio Nacional. Sin embargo, la idea de la acción directa violenta, en su deber ser, sin duda, es atacar las abstracciones del Estado. La puerta de Palacio Nacional es un símbolo del Estado mexicano.

 

Pero, en el ‘ser’ de la situación, ¿en verdad colaboran con su idea? Los grupos paramilitares que existieron para reprimir las marchas en los tiempos del 68 y en la Guerra Fría mexicana tenían el único propósito de provocar riñas, de reprimir y deshabilitar la manifestación pacífica. ¿Inconscientemente estos ‘anarquistas’ no están haciendo lo mismo que los Halcones?

En un caso hipotético: un ‘anarcopunk’ tira una bomba molotov a un cajero bancario y empieza a destruir propiedad pública y privada, paralelo a una manifestación pacífica. Debe de saber que existe la fuerza pública, por tanto, lo más probable es que llegue una bola de granaderos. Los granaderos no van a tomarse el tiempo de identificar quién hizo qué; lo más probable es que detengan a todos por igual,  y así empieza la violencia legítima del Estado. ¿El ‘anarcopunk’ fue el que incitó la represión?, ¿su acción, hasta cierto punto, fue hacer la misma función que los paramilitares de los 70? Yo creo que sí, porque nadie debe pecar de ingenuo al creer que el gobierno, a nombre del Estado, no utilizara su violencia legítima para calmar la situación.

 

 Es ahí donde cae el pacifismo o la no violencia activa, como una verdadera propuesta de movimiento social, ya que no se le da ninguna razón a la autoridad gubernamental de ejercer violencia sin una justificación, como lo hace en términos prácticos, con los anarquistas.

 

No solamente eso: al actuar de manera pacífica la sociedad civil, la ‘sociedad política’; es decir, el gobierno, quedará expuesto con su propia violencia. Patricio Marcos lo afirma: “El Estado desnudado, es violencia pura”. Esto siempre y cuando existe una condición de crisis orgánica, como lo dice Gramsci, donde el gobierno domina pero no dirige. Construir una alternativa no violenta activa dentro de un movimiento popular es también crear una hegemonía cultural. En México no cabe ni una gota más de sangre.