Juárez «El liberal»

Por Marlene Torres

Un día como hoy, pero de 1806, cuatro años antes de iniciarse el movimiento de independencia de lo que hoy llamamos República Mexicana, nace en San Pablo Guelatao, Oaxaca, Benito Pablo Juárez García. Considerado uno de los más emblemáticos personajes de la historia y mejor conocido como el “Benemérito de las Américas” (título otorgado por el gobierno colombiano en 1865 a razón de la defensa de libertad e independencia de México).

 

Su importancia radica principalmente, según muchos historiadores, en que durante su gobierno se sentaron las bases para la consolidación de la nación como República, por ello en este día existe una conmemoración oficial de su nacimiento (a diferencia de muchos otros personajes más grandes de la historia) y se celebran, en todas las instancias públicas, ceremonias para rendirle homenaje.

 

El primer acercamiento que todo mexicano tiene con Pablo García es considerarlo como un “héroe” y es precisamente eso lo que los libros de texto de educación básica nos presentan, ilustrando un Juárez de raíces indígenas que con mucha devoción, sacrificio y preparación llegó a ser presidente, alguien que más allá de sus intereses luchó por los de la nación, ejemplo de superación personal y estandarte de lucha para muchos; se cree que el mismo Francisco I. Madero pudo haber sido contactado por el espíritu de Juárez para continuar con la causa a bien de la patria.

 

Un héroe que luchó por los “intereses de la nación” huyendo y escondiendo su gobierno; que nunca, a diferencia de Porfirio Díaz, se paró en un campo de batalla pero que sí se benefició de los triunfos; que defendió la soberanía nacional subyugándose al principio “América para los americanos” de la Doctrina Monroe y que en favor de los Estados Unidos se valió de préstamos y obtuvo de ellos el reconocimiento a su gobierno.

 

No se le considera dictador a pesar de que gobernó por más de 10 años sin haber ganado una elección y que de no haber sido por su muerte en 1872 quién sabe cuánto tiempo más habría permanecido en el poder. Se ensalzan sus méritos de superación, cuando no ha sido el único presidente con orígenes indígenas que se ha preparado para llegar al ejecutivo, y que, a pesar de sus raíces, en su opinión, era necesario el despojo de tierras a los “indios” para alcanzar el progreso y modernización del país, cosas que durante su gobierno no figuraron ni en pequeña porción. De esta misma manera pensaba para con los bienes propiedad del clero y es por ello que en 1859, mediante las Leyes de Reforma, se secularizan, es decir, pasan a ser propiedad del Estado. La desamortización de las tierras pertenecientes al clero, principalmente por su carácter no productivo; así como la adjudicación al Estado de la administración del matrimonio y registro civil, son acciones bastante comprensibles para obtener ingresos si consideramos la situación económica en la que se encontraban las arcas de la nación.

 

Juárez el liberal, que al “defender” la soberanía nacional jamás quiso reunirse con Maximiliano de Habsburgo, a pesar de sus muy parecidas ideas, por su orgullosa idea de único representante de las esperanzas de la nación. Juárez el liberal, que en contradicción con lo anterior firma el Tratado McLane-Ocampo para legitimar su gobierno como un acuerdo de protección con los Estados Unidos… “la República Mexicana cede por derecho a los Estados Unidos y a sus ciudadanos el libre tránsito por México sin restricciones con seguridad y protección desde el Río Bravo hasta el Río Hondo”. Juárez el liberal, al que se le reconoce por darle igualdad y libertad a los mexicanos, sin recordar que durante el imperio se garantizaron de igual manera esos derechos, mismos que fueron dados a conocer a la población en su lengua natal <<náhuatl>> debido a la preocupación del emperador de que todos tuvieran voz y pudiesen participar. Juárez el liberal, que en su idea de progreso no contemplaba la decadencia en la que se encontraba la economía nacional, la agricultura y la minería estaban prácticamente desatendidas, fue hasta 1877 cuando la economía despuntó y se volvieron a alcanzar tasas per cápita de 2.5%.  

 

Se conmemora el nacimiento de Juárez por su único legado a la Republica en la que los derechos son primordiales y la igualdad fundamental, en la que las leyes son la base que rige la vida nacional e impiden los abusos de las personas con mayor poder, donde la participación política por parte de los ciudadanos debe ser ejercida, donde podemos hablar plenamente de Estado laico y sobre todo donde “el respeto al derecho ajeno es la paz”. Ahora sólo queda cuestionarnos si hoy día a 210 años de su nacimiento podemos sentirnos orgullosos y conformes con la interpretación de República que tenemos, ese tan adulado legado juarista.  

 

Y como en alguna ocasión escribió Juárez a Maximiliano de Habsburgo: “(…) hay una cosa que está fuera del alcance de la perversidad, y es el fallo tremendo de la historia. Ella nos juzgará.”

Juárez, símbolo de la República contra la intervención francesa. Antonio González Orozco.